lunes 09.12.2019
CONCENTRACIÓN DE DOS CENTENARES DE FALANGISTAS

Cibeles es un trajín de banderas

La alocución de darles Puigdemont tuvo su movilización en la calle. Un grupo de ultraderecha provocó un pequeño susto a la llegada de la delegación de la Generalitat. Luego, apenas hubo una discreta guerra de banderas

Puigdemont tuvo una clac en la calle convocada por Falange y sus banderas. | F. de Castro
Puigdemont tuvo una clac en la calle convocada por Falange y sus banderas. | F. de Castro

La Diosa Cibeles ha vivido un no parar de agitación desde la noche del domingo al lunes. No sofocados aún los gritos fanáticos de los seguidores del Real Madrid y su celebración de la Liga, un alboroto de banderas preconstitucionales –y anticonstitucionales– han tomado la acera del palacio de Cibeles, en protesta contra la conferencia de Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat catalana. La convocatoria de Falange y otros grupos ultraderechistas ha tenido algo más de éxito del habitual –unas 200 personas– y casi desbordan a las unidades policiales desplegadas en la puerta del Ayuntamiento de Madrid cuando llegaba la delegación del Gobierno catalán que ha explicado sus proyectos independentistas. Puigdemont y su comitiva han salido por una puerta lateral del Ayuntamiento para evitar ánimos exaltados.

“No hemos venido a hablar, hemos venido a pelear”, arrancaba, megáfono en mano, el primer orador de la manifestación. Las banderas rojigüaldas flameaban, algunas con águilas franquistas, otras con águilas postfranquistas, en cualquier caso todas ellas preconstitucionales e incluso anticonstitucionales. Porque en la calurosísima acera del sol de Cibeles (donde está el Ayuntamiento en el que el equipo de Carmena ha cedido el espacio para la conferencia de la Generalitat) nadie defendía a la Constitución, ni los de dentro –Puigdemont, Junqueras y compañía–, ni los de fuera, los falangistas.

El Ayuntamiento que gobierna una de las marcas blancas de Podemos cedió el espacio llamado Centro Centro, una sala cultural. Como cultural es el concepto de nación que ahora Pedro Sánchez propone para Cataluña. En el trajín de banderas, una vez arriada la blanca, no de paz, sino del Real Madrid, arriba estaba la española, en la fachada del Palacio. En medio, la de los refugiados, el “Refugees Welcome” que lleva allí inerme desde que Carmena es alcaldesa; dentro, la ‘senyera’ y varios defensores de la ‘estelada’ (la bandera republicana catalana). Fuera, el restellante rojigüalda coloreado por un sol de justicia. Lo cierto es que la ‘senyera’ coincide en colores, pero discrepa en su configuración cuatribarrada. Vamos, un trajín para la pobre diosa Cibeles, que no ha tenido descanso desde que el árbitro pitó el final del Málaga-Real Madrid, y desde el momento en que el equipo de Gobierno del Ayuntamiento decidió ceder un espacio público al independentismo catalán. La canalla paradoja de esta pequeña historia es que el culé Puigdemont vaya a hacer plaza sobre los restos del festejo de los merengues. En cierto modo es una metáfora de la misma España.

Había en la puerta del Palacio bastantes catalanes contemplando los acontecimientos. El rigor azul de los agentes de la UIP –que coercitivamente decidieron colocarse el casco colgado del cinturón–, el puñado de falangistas –¿dos centurias?–, varios pelotones de turistas ciertamente asombrados e insolados, madrileños que pasaban de un lado a otro… bueno, que pasaban sin más. Dos centurias no hacen ciudad, ni siquiera tendencia, ni barrio, quizás facción política sí, pero poco cuantitativa, desde luego.

Unos pocos asistentes a la conferencia tuvieron el arrojo de salir por la puerta principal, entre crecientes medidas de seguridad. Especialmente abucheados resultaron el portavoz del PNV –Aitor Esteban– y el veterano diputado del PdeCat, Josep Sánchez-Llibre. Seguramente porque eran los más conocidos entre todos. Más fugaz y etérea, y sorprendente, ha sido la presencia de Cayetana Álvarez de Toledo, exdiputado del PP y hoy directora de FAES, que es de suponer que ya ha hecho las paces con Manuela Carmena tras aquella terrible Cabalgata de Reyes.

Las banderas blancas, ya se ha dicho, fueron arriadas de madrugada. Aunque alguno tenía pinta de estar haciendo un “Cibeles-non-stop”.

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