viernes 10.04.2020
VIDAS ENTRELAZADAS

Carmena y Almeida, vecinas y amigas con casa en común

La líder de Ahora Madrid y la abogada entraron juntas a la universidad, fundaron el despacho laboralista de Atocha 55 y hasta se compraron un adosado a medias en Arturo Soria que aún mantienen. Carmena y Leyra también adquirieron la vivienda de al lado

Viviendas de Cristina Almeida y Manuela Carmena. | EstrellaDigital.es
Viviendas de Cristina Almeida y Manuela Carmena. | EstrellaDigital.es

La vida de Manuela Carmena y Cristina Almeida se ha cogido de la mano desde que entraron juntas a estudiar derecho en 1961. Las dos son abogadas, las dos se iniciaron en el Partido Comunista y las dos crearon el despacho laboralista de Atocha 55 donde un comando de ultraderecha asesinó a cinco letrados en 1977. La amistad entre estas dos mujeres ya ha celebrado las bodas de oro y obedece al dicho de más vale amigo a la puerta que pariente a la vuelta.

Carmena y Almeida son vecinas. Comparten calle en el tranquilo y exquisito barrio de Arturo Soria en Madrid. Sus respectivos adosados están pegados puerta con puerta, y ninguna puede envidiar el jardín de la otra. Entre las dos tienen los jardines más frondosos y verdes de toda la calle. El tupido manto de hojas, exagerado por los árboles, apenas deja ver el ladrillo rojizo de las fachadas.

La exjueza y la abogada se compraron juntas en 1982 la vivienda en la que ahora vive Almeida. La casa, con 130 metros cuadrados, jardín delantero y trasero y dos terrazas, apenas superó por entonces la hipoteca de cinco millones y medio de pesetas. Ahora tiene un precio de mercado aproximado a los 700.000 euros. Cuando Carmena compró la casa a medias con su amiga, ya estaba con su marido Eduardo Leyra. De hecho, el matrimonio se hizo a la par con la vivienda vecina y desde entonces han compartido calle. El adosado de la familia Leyra-Carmena es idéntico al de Cristina Almeida. Tiene 135 metros cuadrados, un semisótano con habitación de servicio, lavadero y aseo, salón, comedor, cocina, baño y dos terrazas en la planta baja y tres dormitorios y otro baño, en la planta superior. Con dos jardines, uno en la parte frontal de la vivienda y otro en la trasera, la única ventaja que tiene la casa de los Carmena-Leyra respecto a la de su amiga Almeida es la piscina privada. La de la abogada es de las pocas casas del vecindario sin piscina.

La estrecha relación entra la líder de Ahora Madrid y la ex socia de Aba Abogadas, ambienta las declaraciones que hizo Cristina Almeida el pasado 23 de mayo en La Sexta: "Por Manuela Carmena me tumbaría en la parrilla como San Lorenzo". La exmiembro del Partido Comunista reconocía que era amiga de la posible alcaldesa de la capital: "Yo me alegro de que Manola se haya comprometido. Bueno, me da una alegría que me voy yo ya detrás de ella a verla al ayuntamiento. Yo entré en el primero democrático y ella va a entrar en el primero de la revitalización de la democracia".

Almeida fue concejala en el consistorio madrileño por el Partido Comunista durante el gobierno de Enrique Tierno Galván. Estuvo en el consistorio desde 1979 hasta enero de 1982, periodo en el que fue miembro de la Comisión Permanente, Presidenta de la Junta de Fuencarral y Concejala de Educación. Santiago Carrillo la expulsó del partido, junto a cuatro concejales más, por pertenecer a la corriente renovadora de la formación que pedía la democratización del PCE. Durante su etapa en el ayuntamiento de la capital, Almeida coincidió con el ya marido de Manuela Carmena, Eduardo Leyra. El arquitecto fue gerente de Urbanismo en el gobierno local hasta que en 1981 fue nombrado director de la Oficina del Plan, dentro de la Concejalía de Urbanismo. Leyra, también del PCE y de la corriente renovadora, ideó el Plan General de Madrid a principios de los 80 que, entre otros aspectos englobó el desarrollo periférico de la capital de norte a este y sur o, como detalle, el desmontaje del famoso scalextric de Atocha. Treinta años después, Carmena pone el pomposo lazo que anuda su vida personal y profesional, con la posibilidad del volver al consistorio de la capital, aunque en esta ocasión, para gobernarlo.

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