sábado 27/11/21
a su paso por la puerta de segura

El río Guadalimar, contaminado

Las cloacas de todo el valle están rotas desde hace tres años y se vierte al río gran parte de lo que se ha recogido en aldeas y cortijadas. Un problema de La Puerta de Segura y de todos los pueblos de río abajo

Guadalimar
Río Guadalimar.

A su paso por La Puerta de Segura, en la sierra del mismo nombre, en la provincia de Jaén, las cloacas de todo un valle están rotas desde hace tres años y se vierte al río Guadalimar gran parte de lo que se ha recogido en aldeas y cortijadas. Se hicieron hace varios años unas obras de saneamiento que nunca fueron terminadas con la necesaria estación depuradora que rematase la inversión, por lo que todas las aguas residuales terminan al final, otra vez, unos kilómetros abajo, en el río. La obra fue financiada por la Unión Europea, se llevó a cabo por una contratista de Almería que presume de ambiental, con poco respeto por árboles y veredas, como fueron víctimas pinos y encinas arrancados y cortados para cavar las zanjas y poner las tuberías.

Además de la incuria y mala administración que demuestra esta obra sin terminar y encima rota, sorprende la pasividad de los ayuntamientos ante este desaguisado, fuente de polución y de nauseabundos olores. Y eso que es territorio querido de la Junta de Andalucía y de la Diputación provincial. No es sólo un problema de La Puerta sino de todos los pueblos de río abajo.

El río Guadalimar, el río Colorado, que es su etimología y como se le llama todavía por Villanueva del Arzobispo, nace en la Sierra de Alcaraz, en Albacete y da en Mengíbar en el Guadalquivir. Río romano, que regaba huertas y olivares por debajo de la Loma de Úbeda, por él bajaban las maderas de la Sierra de Segura hacia Sevilla, en una epopeya parecida a la de los gancheros que describió José Luis Sampedro en su novela El río que nos lleva (ésta, por el Tajo). El Guadalimar baja bastante limpio hasta que se topa con esa rotura en La Puerta. La Puerta de Segura, que también podría llamarse Puerta del Guadalimar, para honrarlo.

Se manifiesta aquí algo demasiado generalizado en España y es el menosprecio de los ríos, de los paisajes, de las aguas, sean interiores o marítimas. Los ríos se han considerado o vías de comunicación o cloacas, y esta mentalidad perdura.

En materia de medio ambiente y de protección de la naturaleza y de las aguas, en gran parte de España, y en Andalucía en particular, existe una tremenda disparidad entre los discursos oficiales y la realidad. Así se puso en evidencia en Seseña, pero hay muchos pequeños casos, que no saltan a la luz pero que sería bueno que la Unión Europea controlase y auditase, para ver en qué dan y han dado sus fondos estructurales, más allá de los maquillados informes oficiales. Hay un cúmulo de autoridades y administraciones superpuestas, rivales, laberínticas, municipales, provinciales, regionales, estatales y las Confederaciones Hidrógráficas y, sin embargo, no acertamos con la buena administración del agua, tan esencial para la España seca.

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