domingo 1/8/21

Renacer tras plantar cara a los malos tratos

Perdieron el miedo y emprendieron una vida lejos de su maltratador. Son supervivientes, mujeres que se han empoderado para coger las riendas de su vida y un espejo para las miles de víctimas que hoy día permanecen atrapadas en la violencia de género

Cogió a sus cuatro hijos una madrugada y huyó del infierno en el que se había convertido su hogar. Tras once años aguantando malos tratos, Ana Bella decidió empezar una nueva vida con una meta: ayudar a otras mujeres atrapadas en el círculo de la violencia de género. Como ella, Rosa y Marisa también se atrevieron un día a romper su silencio. Son mujeres supervivientes, mujeres valientes que ya no se esconden, mujeres que han conseguido la vida que siempre merecieron tras años y años escuchando que no valían para nada. Con motivo este lunes del Día contra la Violencia de Género, ESTRELLA DIGITAL les ha dado voz para que las víctimas de esta lacra puedan perder el miedo y emprender una vida digna lejos de su maltratador.

Gracias a su Fundación y los centenares de testimonios positivos de las mujeres a las que ha empoderado y sacado de la espiral de violencia, unas 1.200 cada año, Ana Bella está logrando transformar la imagen de la mujer víctima de los malos tratos por la de una mujer superviviente que no sólo puede dejar atrás un doloroso pasado, sino que también puede convertirse en un agente de cambio en la sociedad.

Por primera vez se escucha a las supervivientes para avanzar hacia una sociedad libre de violencia de género

En España, el 72% de las mujeres maltratadas no ha roto el silencio, lo que las hace invisibles para la sociedad y las administraciones. Según un estudio de la Fundación Adecco, el 97% de las víctimas de la violencia de género considera que el elevado nivel de desempleo es un freno a la hora de alejarse de su maltratador por miedo a encontrarse sin recursos para salir adelante. “Estamos estigmatizadas. Uno de los problemas con los que nos encontramos las mujeres maltratadas es la falta de empleos reconocidos socialmente; parece que sólo valemos para fregar escaleras, ser reponedoras o poner cafés”, denuncia Ana Bella. Esta sevillana defiende el empoderamiento de las mujeres mediante trabajos que les proporcionen autonomía y autoestima.

Por ello, creó la Escuela Ana Bella, un centro donde se apoya a las mujeres maltratadas y se las forma para que puedan tener una oportunidad laboral. Ana Bella no se cansa de revindicar además el valor que pueden aportar estas mujeres a las empresas: “Somos mujeres eficaces, luchadoras, sabemos trabajar bajo presión y no nos rendimos ante las adversidades”. Mediante un convenio con Danone más de 150 mujeres supervivientes han logrado trabajar como embajadoras Danone en supermercados dando consejos sobre nutrición a los clientes. Entre los centenares de ejemplos de superación, Ana Bella destaca el caso de una mujer de 62 años que no se resignó a cobrar una pensión mínima y, sin haber trabajado jamás en su vida, consiguió su primer trabajo en Danone, una inyección de autoestima que meses después le llevó a montar una asociación dedicada al cuidado de ancianos.

Ana Bella no piensa desistir en su intento por cambiar la imagen tradicional que la sociedad tiene de la mujer maltratada, una victimización que conduce a la exclusión y la estigmatización social. “Por primera vez se está escuchando la voz de las mujeres supervivientes como referencia para el avance hacia una sociedad libre de violencia de género”, concluye orgullosa, aunque consciente de que quedan muchas murallas que derribar.

El sueño de Rosa se hizo realidad

La vida también le dio una segunda oportunidad a Rosa Jiménez. Esta madrileña de 42 años y con cuatro hijos tomó la decisión hace tres años de denunciar y abandonar a su ahora exmarido, un maltratador que durante mucho tiempo aniquiló su autoestima y su dignidad. "Siempre he sido una persona muy positiva y que me he valido por mi misma, sin embargo él fue hundiéndome poco a poco. Él era un poco agresivo y a menudo me hacía sentir inferior, me decía que no servía para nada", recuerda Rosa.

Junto a una nueva pareja que la ama y la respeta, Rosa decidió abandonar Madrid y empezar de nuevo en Barcelona. Reconoce que al principio fue complicado, pero gracias al apoyo de los que la quieren y las personas que le ayudaron en su proceso de empoderamiento, ahora se siente una mujer feliz, orgullosa y con ganas de vivir.

Rosa consiguió su primera oportunidad laboral tras alejarse de su maltratador como promotora de Danone. “Soy una persona muy extrovertida y me ayudó mucho trabajar de cara al público; me hizo muy feliz sentirme útil y me devolvió las ganas de vivir. Ahora, ha cumplido un sueño personal: tener su propio restaurante. "La cobardía es lo peor. De todo se sale, salvo de la muerte; hay que luchar aunque a veces nos atenace el miedo", asegura esta madrileña, quien anima a otras víctimas a denunciar y abrir la puerta a una nueva vida pese a las dificultades.

Las ecoaldeas, una alternativa

Uno de los pilares fundamentales del proceso de empoderamiento se sustenta en ayudarlas a ser libres e independientes. La Asociación de mujeres maltratadas en Madrid (MUM) ofrece una alternativa a las tradicionales casas de acogida: las ecoaldeas. Este proyecto nace del propósito de darles un hogar en un entorno rural para que compartan su vida con otras mujeres que han pasado por lo mismo, al tiempo que crean su propio puesto de trabajo en una cooperativa, haciendo de ellas mujeres autónomas e independientes.

"El problemas de muchas víctimas cuando dejan las casas de acogida es que no tienen adónde ir o no han superado aún las secuelas de los malos tratos. Algunas no han trabajado nunca y poco se puede hacer con los 420 euros que por ley les corresponde”, explica Raquel Rodríguez, miembro de la junta directiva de MUM y coordinadora de las voluntarias. En una ecoaldea con esos 420 euros y apoyándose en otras mujeres sí es posible comenzar una nueva vida independiente.

El proyecto de la ecoaldea, que verá la luz en enero en un pueblo de Madrid, se fundamenta en la autogestión de una vivienda rural con su propio huerto y granja. La idea es que estas mujeres sean autosuficientes y puedan vivir de sus propios productos mediante su venta en los pueblos de alrededor. Raquel Rodríguez defiende el valor terapéutico y regenerador del proyecto de la ecoaldea porque está demostrado que el trabajo en el campo y el cuidado de los animales fortalece la autoestima. “Tanto las plantas como las gallinas necesitan que las cuiden para que no se mueran; si tú cuidas, te autocuidas", señala Raquel.

No hay un perfil de mujer maltratada

No existe un único perfil de víctima de la violencia de género. Esta lacra afecta a mujeres de toda condición social, cultural y económica. Marisa, a sus 42 años, es un ejemplo de ello. Pese a ser licenciada en Comunicación y Marketing, empleada de una entidad financiera y llevar una vida totalmente independiente, esta mujer se vio atrapada en una relación enfermiza que le robó diez años de su vida. "Me maltrataba psicológicamente con insultos y faltas de respeto, castigos emocionales que me condujeron al desequilibrio. El problema es que tardé mucho en darme cuenta porque justificaba sus malos tratos pensando que quizás era yo quien no estaba bien. Me sentía triste, sin autoestima y con problemas de ansiedad, pero quien realmente estaba enfermo era él", recuerda Marisa.

Cuando fue consciente de que era una víctima de la violencia de género, decidió dejar a su pareja y ponerse en manos de especialistas para recuperar la seguridad y la autoestima que le había arrebatado. Gracias a las terapias de grupo y el apoyo de sus amigos y familia volvió a ser la mujer que era. "Me robó mi juventud pero por suerte no me han quedado secuelas y he rehecho mi vida junto a una nueva pareja", subraya.

Su caso demuestra que cualquier mujer, independientemente de su clase social o nivel económico, puede convertirse en víctima de la violencia de género. Marisa aconseja a las que sufren esta lacra que sean valientes y se atrevan a pedir ayuda. "Cualquier momento es bueno para poner el contador a cero, un día nos levantamos y nos damos cuenta de que la vida nos ha dado una segunda oportunidad y eso es maravilloso", concluye.