sábado 19/6/21
OPINIÓN

Nunca hasta ahora la Izquierda se había alejado tanto del Pueblo de Madrid

Colas elecciones Madrid (1)
Gente haciendo cola en colegio de Madrid para votar

La resaca de las Elecciones madrileñas del 4M nos ha dejado un horizonte político con diversas lecturas, tanto tristes como inquietantes.

Y digo tristes porque tras los resultados electorales, tras hablar el Pueblo de Madrid, y pronunciarse de una manera tan contundente y meridiana, la izquierda y ultraizquierda de este país ha decidido emplear el mismo discurso de falta de autocrítica, un discurso basado en el desprecio de los valores democráticos como son el Derecho del Pueblo a decidir libremente a sus gobernantes, y el Derecho a la alternancia política dentro del Marco Constitucional.

Es admisible y, por supuesto tolerable que después del resultado electoral no varíen su discurso, que sigan creyendo que éste es el único verdadero y que además estén haciendo lo correcto.  Ciertamente, parece de necios no hacer un mínimo de autocrítica cuando, tras un récord histórico de participación, tu adversario político ha obtenido el respaldo mayoritario del Pueblo con récord absoluto de mayor número de votos de la Democracia en la Comunidad de Madrid, duplicando sobradamente el número de diputados obtenidos hace menos de 2 años, y el PSOE, por ejemplo, su peor resultado de la historia, o que, entre los 3 partidos de izquierdas, hayan obtenido juntos menos diputados que el Partido Popular solo.

Es más que evidente que el Pueblo de Madrid respalda mayoritariamente, en el momento actual, las políticas de la Presidenta Díaz Ayuso, y digo en el momento actual, porque el Pueblo es Soberano y hoy de da el respaldo y mañana te lo quita. Eso es la alternancia política, y es un signo de madurez de cualquier sociedad moderna.

Parece que se admite aunque es intolerable que la Izquierda y la Ultraizquierda basen sus propuestas políticas en el insulto a otrora sus adversarios, hoy en día enemigos políticos, en hacer oposición a la oposición, y en el empleo de un lenguaje de insulto y odio impropios de una Democracia consolidada como la nuestra.

Cuando no tienen argumentos convencibles en el debate ideológico, cuando no tienen ejemplos para mostrar países con gobiernos de izquierdas o ultraizquierdas que sean ejemplos de principios democráticos, de libertades y de prosperidad de sus ciudadanos, cuando los modelos de gestión autonómica de las CCAA gobernadas tradicionalmente por la izquierda son ejemplos de despilfarro, pobreza y paro, véase Andalucía o Extremadura, es más fácil movilizar a su electorado con insultos, crispación y aireando fantasmas de un pasado que la inmensa mayoría de las ciudadanas y ciudadanos de este país ni ha vivido.

Este discurso político por desgracia se admite en nuestra Cámara de representantes del Pueblo, el Congreso de los Diputados, y es intolerable, puesto que desvirtúa el debate ideológico que el Pueblo quiere y merece escuchar.  La frase del Presidente Zapatero al Periodista Iñaki Gabilondo en 2008 “lo que nos conviene es que haya tensión” continúa vigente 13 años después, y parece que el Presidente Sánchez se ha convertido en un auténtico experto, con Iván Redondo como maestro de ceremonias.

Pero lo que es inadmisible e intolerable es la campaña de insulto y menosprecio al Pueblo que legítimamente ha decidido una opción política. Tanto por sus dirigentes políticos de primer nivel como, y en especial, por muchas personas con esa inclinación política y peso en redes sociales. Si me votas y me entregas el poder, eres un ciudadano modelo, inteligente, solidario e incluso, hasta un patriota. Pero, como no me has votado, como no me has entregado el poder, pasas a ser un fascista, un imbécil, un tabernario o un ignorante. Ridiculizar una decisión soberana del Pueblo con desprecios como “tabernarios”, “cañas, ex y berberechos”, o comparar la victoria de Ayuso al genocidio nazi, empleando argumentos como “hay quien nos dijo que a veces el fascismo aparece con la bandera de la libertad.

Con la bandera de quienes pensaron que la limpieza que debían hacer en Europa llevaba a asesinar en los campos de concentración” no parecen propios de políticos con una larga trayectoria ejerciendo cargos de responsabilidad en una democracia consolidada como la nuestra. Pues sí, Díaz Ayuso ganó en más del 95% de los distritos electorales de Madrid, tiñó de azul el mapa político de la comunidad de Madrid, con un discurso de todos y para todos, y si la Izquierda no quiere hacer autocrítica, analizar el por qué su discurso no llegó al Pueblo para intentar enmendarlo para las siguientes Elecciones, pues es decisión suya, en libertad, pero insultar y criminalizar al mensajero, llamando fascistas al millón y medio de madrileños que no les votaron, en un insulto a la democracia y al Pueblo.

Sin duda el horizonte político nacional actual es muy inquietante. Dos hechos están marcando claramente esta semana postelectoral. Por un lado, el fin del Estado de Alarma, en donde la Coalición de Gobierno PSOE-UP con el Presidente Sánchez ha decidido de manera intencionada y voluntaria desentenderse de esta situación, con muchas CCAA con niveles de contagios en cifras muy altas, para delegar en el Tribunal Supremo las competencias que en verdad corresponden al Ejecutivo y no al Judicial.

Esto ha traído escenas de miles de jóvenes en las calles de muchas ciudades y municipios, con imágenes que sugieren un probable aumento de contagios en próximas fechas. El Gabinete Técnico del Tribunal Supremo se ha pronunciado en esta semana cuestionando el decreto por el cual deja en manos de este Tribunal las restricciones, hablando de “insuficiencia o inadecuación del rango de la normal empleada”. Judicializar la pandemia, en vez de legislar por parte del Ejecutivo, es lo que parece que nos va a tocar vivir en los próximos meses.

El otro hecho acaecido, que el Gobierno supo esconder vilmente hasta el día después de las Elecciones, el Plan de Recuperación enviado a Bruselas el 30 de abril, 5 días antes. Un Plan con propuestas vagas y escuetas, pero cargado de subidas impositivas, que son un auténtico sablazo y ataque a los bolsillos de las rentas medias y bajas. Totalmente en contraposición del discurso demagógico, del mantra que llevan meses diciendo que la salida de la crisis la van a pagar las rentas ricas.

La supresión de la bonificación por la tributación conjunta en el IRPF, que afectaría principalmente a matrimonios jubilados y a mujeres y hombres divorciados con hijos a cargo, el impuesto al diésel, la subida del impuesto de matriculación, los nuevos impuestos a la circulación en autovías, y posiblemente en carreteras nacionales y regionales, la equiparación al alza de los impuestos de sucesiones y patrimonio o el IVA, son un conjunto de medidas que, sin duda, afectará directamente al conjunto de la población española, y que hará más pobres a los más desfavorecidos. Si lo hubiesen presentado el día antes de las Elecciones madrileñas, es difícil que hubiesen llegado a los resultados que obtuvieron.

Atando cabos, la situación socioeconómica de nuestro país no invita al optimismo. Un Gobierno que ha aprobado unos presupuestos generales con el mayor gasto de la historia, sin ningún tipo de ajuste o recorte de gasto innecesario, con el mayor número de Ministerios y de asesores de la historia, manejando 140 mil millones de euros de los fondos europeos de manera arbitraria y opaca, como así lo indica el informe del Consejo de Estado, sin mecanismos de control y de transparencia, que ha empezando rescatando con 53 millones de euros a la aerolínea Plus ultra, con 1 único avión, y que planea una subida impositiva severa a toda la ciudadanía, dibuja un escenario en el que el adjetivo inquietante parece hasta benévolo.

Sin duda, esta izquierda que se cree poseedora de la verdad absoluta, se está alejando, a cada instante, cada vez más del Pueblo, es cual parece que ha pasado de ser el fin a proteger y cuidar, a ser el medio del cual nutrirse para alcanzar otros objetivos.

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