domingo 22/5/22

Los movimientos civiles olvidan la reforma más urgente a reivindicar

La situación de penuria económica hace inevitable que el contribuyente se levante, ya que todo ha cambiado en los últimos tiempos para que todo siga igual

Los movimientos civiles olvidan la reforma más urgente a reivindicar

Este fin de semana una gran parte de la ciudadanía española se ha echado a la calle, en un movimiento denominado ‘Democracia Real Ya’, que ha protestado con indignación por la crisis que asola a la ciudadanía. La situación de penuria económica hace inevitable que el contribuyente se levante, ya que la impresión que se saca de todo esto es que todo ha cambiado en los últimos tiempos para que todo siga igual. Pero es preciso que reivindiquen cosas concretas y una urgentísima es la reforma de los mercados de futuros o derivados.

Esta reforma suena a algo sofisticado y lejano para una persona corriente, pero lo cierto es que le toca mucho el bolsillo. Los derivados son la causa, sin ir más lejos, del injustificable precio del crudo y de las materias primas. Son instrumentos sofisticados, al alcance de poca gente, pero con una onda expansiva brutal.

El dinero de las inyecciones de liquidez de los bancos centrales en meses recientes ha terminado por arte de magia en estos instrumentos financieros, multiplicando artificialmente los precios. Los futuros nacieron inicialmente como mecanismo de cobertura, es decir, como un seguro para las inversiones. Pero han devenido en un armamento de destrucción masiva, capaces de disparar o hundir las cotizaciones, ya que permiten tomar posiciones ficticias depositando de manera real una parte ínfima de la inversión.

Con los derivados se puede apostar al alza, como el caso del crudo, o a la baja, como ocurre con la banca española. De tal manera, logran colocar los precios de los carburantes en máximos históricos o penalizar de manera casi dramática a nuestros bancos en Bolsa. Conviene recordar que acciones de bancos domésticos tienen muchos pequeños ahorradores, así como empleados de las firmas en cuestión y de manera indirecta, multitud ingente de partícipes de fondos de inversión y de pensiones.

Por no hablar de pequeños y empresarios que utilizan esas acciones como garantía de sus líneas de crédito, por lo que la caída de las cotizaciones les ha provocado un estrangulamiento de liquidez, lo cual se traduce en retrasos en los pagos, por tanto decrecimiento y, por supuesto, paro.

De esta crisis será vital que los derivados tengan que cubrirse con más capital y, además, computen de alguna manera en el balance de las entidades financieras. Deben tener mucha más transparencia.

Y, por supuesto, la especulación debe huir de las materias primas, ya que constituyen los bienes de primera necesidad para el ser humano: Alimentos, minerales, material textil como el algodón o el lino y por supuesto, fuentes de energía.

En la actualidad, los contratos no mercantiles sobre el petróleo están en máximos históricos, a pesar de que la debilidad económica del momento debería tener los precios a la baja. Esos precios son una garantía de que la crisis y el estancamiento continuarán. ¿Qué previsiones hay? Jorge Fernández, director general de InterMoney Energía contempla un precio medio del barril de crudo a medio plazo de entre 95 y 105 dólares, a pesar de que reconoce “un margen de reserva cómodo de los países productores para elevar la producción a corto plazo”.

Todo esto debería reducir un poco las posiciones netas no comerciales (repetimos, en máximos históricos), pero aun así, los expertos de InterMoney siguen viendo un precio del petróleo en el entorno de los 100 dólares. Algo por debajo de lo que otras inefables firmas como Goldman Sachs o JP Morgan, pero caros.

Los movimientos de reacción civil tienen que reaccionar por cuestiones concretas. El actual encarecimiento de las materias primas es uno de los asuntos más candentes de la actualidad, por la sencilla razón de que estrangula el bolsillo de la ciudadanía. Sería bueno que las redes sociales hicieran hincapié en esta situación, ya que sólo el levantamiento civil puede terminar con ello.

Los movimientos civiles olvidan la reforma más urgente a reivindicar