viernes 20/5/22

Acción impecable y drama elegante para los orígenes del mito

Tras una trilogía capaz de satisfacer por igual al público mayoritario y a los amantes del cómic de Stan Lee y Jack Kirby, los X-Men mantienen el tipo en sus vuelta a los orígenes con un monográfico sobre su célebre miembro "Lobezno", encarnado por el hombre más sexy del mundo, Hugh Jackman. Después de la frialdad casi intelectual de Bryan Singer con las dos primeras entregas y la pulcra profesionalidad de Brett Turner, el relevo para la primera precuela cinematográfica de la serie lo toma con fuerza Gavin Hood, director sudafricano ganador del Óscar por Tsotsi (2005).

Las entregas anteriores sabían arrancar con elegancia y escarbar en el conflicto dramático -y a veces histórico- de estos mutantes que buscan la reinserción en la normalidad pero que no pueden dejar de dar salida a sus dones extraordinarios.

Pero igual que Lobezno, Tormenta, Gambito y otros miembros del clan mutante dirigido por el profesor Charles Xavier luchan por reconciliar su aspecto animal con el humano, la saga X-Men ha mantenido tradicionalmente una batalla entre la acción comercial y la épica fatalista que persigue a los personajes urdidos en las viñetas del cómic.

En X-Men Orígenes: Lobezno, Hood rentabiliza el poder centrarse en un único personaje e inclina la balanza hacia los recovecos emocionales del protagonista, siempre acompañando con factura y movimientos de cámara que dejan claro que detrás hay recursos para despegar hacia la superproducción.

Así, explora la infancia de Logan-Lobezno, en clave freudiana, su descubrimiento del superpoder -en forma de garras afiladas-, su compleja relación con su hermano Víctor -también conocido como Dientes de Sable- y el conflicto por controlar ese don y llevarlo hacia causas nobles y no a la destrucción de su entorno afectivo.

Hood logra con suma eficacia dar prioridad a la emoción antes que a la adrenalina -que también está y es espléndida- y a la interpretación de un muy correcto Hackman antes que a su impresionante despliegue físico.

Acción y sobrepoderes

Pero sobre todo, dilata esa impecable combinación casi hasta el desenlace, donde resurge la artillería de la acción y la orgía de superpoderes que, lejos de crear sensación de clímax, se acerca más al batiburrillo técnico y empaña el conflicto existencial.

Con todo, Lobezno hereda de sus predecesoras la gran virtud de reconciliar a los no iniciados en el árbol genealógico de la "Patrulla X", que disfrutarán de un producto con autonomía para atraparles, con los fans incondicionales del cómic, que tendrán el incentivo de descubrir todos los guiños para historias posteriores -ya estrenadas- de la saga.

Con ello, vuelve a demostrarse la solidez de una franquicia que, bajo la producción ejecutiva del propio Stan Lee y el genio del entretenimiento de los setenta y ochenta Richard Donner, mantiene un encanto indudable, una vibración sin visos de decadencia y muchos recursos dramáticos que seguirán llenando, sin duda, las arcas de Hollywood.

Esta cuarta película de X-Men llega a las pantallas de todo el mundo esta semana. Este jueves en los países que adelantan los estrenos por la fiesta del 1 de mayo y el viernes en el resto.

Acción impecable y drama elegante para los orígenes del mito