lunes 29/11/21

Lorca ha amanecido este viernes entre un mar de dotaciones de bomberos y del Ejército que han intensificado las tareas de desescombro y recuperación de la ciudad, mientras los vecinos, muchos de ellos en las calles, intentan retomar parte de su actividad habitual. En el barrio de La Viña, uno de los más afectados del municipio, la calle Carretera de Granada, donde se derrumbó un edificio, está repleta de vehículos de la Unidad Militrar de Emergencias (UME) que no han cesado de trabajar durante toda la noche rodeados de vecinos, intentando conocer novedades sobre el estado de sus viviendas.

En un escaso tramo de esta calle, que atraviesa parte de la ciudad se pueden contar hasta 12 vehículos del Ejército y otros siete camiones de bomberos. Los comercios que ayer no abrieron en todo el día permanecen cerrados, aunque se percibe algo más de actividad, especialmente en las cafeterías que comienzan a subir las persianas y a servir desayunos.

Mateo es propietario de una vivienda en la calle Infante Juan Manuel que a estas horas presenta un aspecto casi bélico. En su fachada luce el color rojo del espray que le impide aproximarse a ella. "Me han dicho que vuelva dentro de tres días, no sé ni donde llevar a mis hijos", lamenta. Este ciudadano, al igual que el resto de sus vecinos, está tratando de digerir la tragedia que ha costado la vida a nueve personas por las que hoy se oficia un funeral, aunque también es consciente de que es necesario recuperar el pulso diario.

"Hoy quiero ir a trabajar", afirma Mateo resumiendo el sentir de la ciudad.

Edificios dañados

Prácticamente la totalidad de los locales comerciales, bares y establecimientos de la ciudad se encuentran cerrados, excepto un quiosco-bar que permaneció abierto en las cercanías de Santa Quiteria, así como una tienda de ultramarinos, cuyos propietarios habían abierto con la intención de recoger los productos que el temblor había amontonado en el suelo del local, pero que finalmente no paró de atender a la clientela que pedía comida y agua, porque no había otro lugar en varios metros a la redonda.

Cientos de lorquinos han salido de la ciudad para refugiarse en las viviendas de algún familiar o amigo, y se aprecian colonias de inmigrantes como la de ecuatorianos -de unas 10.000 personas censadas-, que suponen un importante volumen de los alojados en los campamentos. Los residentes de ese país llaman cariñosamente a la ciudad "lorquito".

La nave con muros de hormigón que finalmente se ha convertido en sala de prensa sin mesas, y una de cuyas tapias, de 15 metros de longitud, quedó completamente destruida por el temblor, está anexa al pabellón cubierto del recinto ferial en el que se oficiará el funeral por las víctimas del terremoto.

En esta nave inhóspita se han colado por un boquete decenas de gorriones que revolotean y pían mientras a escasos metros las familias de las víctimas, apoyadas por un equipo de psicólogos, lloran a sus muertos al aire libre, entre los ruidos de generadores eléctricos y tiendas de campaña de Cruz Roja.

El Gobierno de Murcia ha habilitado el teléfono 900 12 12 12 para informar a familiares de enfermos ingresados en los hospitales, y ha recibido decenas de llamadas de las embajadas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Finlandia, Filipinas, Rumanía y Perú interesándose por sus compatriotas.