miércoles 16/6/21
ENTREVISTA A MIGUEL JARA

"Quien nos va a vacunar es el miedo, no el Gobierno"

En 2010, un Juez de Granada forzó la vacunación de 35 niños tras la negativa de los padres pese a que la enfermedad avanzaba en la ciudad. Este escritor y periodista arroja luz en su libro 'Vacunas las justas'

 

Miguel Jara Foto azotea 2014
Miguel Jara, autor de 'Vacunas, las justas'

-Dice que el planeta Tierra no sería lo mismo sin vacunas, ¿cómo han influido?

Junto con los determinantes sociales en salud, como el acceso a agua potable y una alimentación suficiente, las vacunas han ayudado a erradicar enfermedades mortales o discapacitantes y a tener ‘controladas’ otro buen número de ellas.

- Comenta que lo ideal sería estudiar a cada persona porque cada uno tiene una constitución diferente, y que ello no supone mucho gasto, entonces ¿por qué no se hace?

No se hace por una mezcla de rutina y porque habría que invertir recursos y parece que no hay interés en gastar más. Las vacunas se ponen en masa y de manera sistematizada. Pero ni todos los organismos son iguales ni el ambiente en el que vive ni la situación de cada persona. Se racionalizaría mucho el uso de vacunas si se analizasen las circunstancias personales de cada individuo.

-¿Cuánta esperanza de vida resta la sobrevacunación?

No sé si eso se ha estudiado tal como lo plantea. Sí que es evidente, por lo anteriormente contado, que la exposición a una vacunación que no sea necesaria, efectiva y segura conlleva un riesgo evitable. Por ejemplo, cuando se introdujo en el calendario de vacunas español la vacuna del virus del papiloma humano (VPH), varios miles de profesionales sanitarios pidieron una moratoria en su aplicación porque su efectividad no se conoce aún. Su eficacia es sólo para determinados tipos del virus de los más de 100 que hay y luego se ha sabido que es la que más notificaciones de posibles reacciones adversas tiene, varios cientos de ellas con resultado de muerte.

-¿Qué es la "policía de las vacunas"?

En los últimos decenios  asistimos a la mercantilización de la salud. Se han ido introduciendo vacunas dudosas en los llamados calendarios de vacunaciones y es necesario, por el bien de las inmunizaciones, separar el grano de la paja. Esto no interesa a los fabricantes de vacunas, que suelen ser los mayores laboratorios farmacéuticos. Para atajar la creciente crítica a las vacunaciones como se hacen hoy, han creado una tupida red clientelar para hacer lobby en su propio interés. Yo escribo y documento quiénes componen esa ‘policía’ de las vacunas y qué hacen para desacreditar a sus críticos.

-Habla de varios casos de muerte, entre ellos el de Andrea. ¿Qué es lo peor que le hubiese podido pasar si no se le hubiera vacunado del VPH?

Es muy difícil saberlo pues no podemos adivinar el futuro de las personas. Si Andrea no se hubiese vacunado quizá nunca hubiese tenido el virus del papiloma humano, muy común, o quizá su organismo lo hubiera eliminado de manera natural como ocurre en la mayoría de las ocasiones. La concurrencia de dicho virus es esencial para desarrollar un cáncer de cuello de útero pero no quiere decir que portarlo conlleve sí o sí a padecer la enfermedad. Desde luego no quiero minusvalorar ese tipo de cáncer, pero lo cierto es que la vacuna es preventiva (se pone antes de) y sólo protege contra cuatro cepas, como he explicado. Hay que aclararlo porque se introdujo en el mercado mediante una agresiva campaña de lobby y marketing del miedo haciendo creer que la vacuna protege totalmente.

-¿Cómo es posible que una vacuna tenga efectos secundarios más mortales que la propia enfermedad?

Las reacciones adversas a los medicamentos se producen porque nuestro organismo no reconoce las sustancias de las que están compuestos. Como es lógico la seguridad de los fármacos se comprueba antes de su venta pero ocurren dos cosas: uno, son los laboratorios productores los únicos que tiene toda esa información y se ha comprobado que en muchos casos de escándalos habían ocultados datos relevantes para no afectar a las ventas; y dos, sólo es posible saber si los posibles daños son realmente minoritarios o poco importantes cuando se usan en masa. De ahí que insista en la racionalización del uso de vacunas.

-¿Cómo pasa la prueba para comercializarse una vacuna que tiene mayor dosis de aluminio del permitido? Usted dice que las autoridades mienten diciendo que no lo contienen.

En el libro describo lo que llamo ‘el fraude del aluminio en vacunas’. Dos padres, unidos en torno a la Asociación de Afectados por Vacunas (AxV), cuyos hijos murieron por encefalitis postvacunación, mandaron a analizar los lotes de una vacuna usada en sus hijos que consideraron sospechosa de su muerte y los resultados que obtuvieron de laboratorios independientes es que multiplicaban hasta por tres la cantidad de aluminio -utilizado como potenciador de la actividad inmune del producto- del anunciado en las fichas técnicas del fármaco (el documento oficial que redactan las agencias reguladoras con los datos que les proporcionan los fabricantes). El aluminio es un conocido neutóxico y se estudia si una mínima cantidad del mismo puede provocar una reacción autoinmune. Esta información pasa desapercibida para la población y pone en jaque el sistema de aprobación de medicamentos actual.

-¿Cree que si nos dejaran leer el prospecto antes de vacunarnos cambiaría algo?

El derecho a la información en salud es fundamental. El problema no es tanto lo que pone en el prospecto sino que en un asunto tan delicado, deberían ser sólo profesionales muy cualificados, que supieran todos los pros y contras de cada vacuna y todos los datos de mortalidad evitada, los que asesorasen a la población sobre su necesidad, eficacia, efectividad y seguridad. Esto además tiene que hacerse mediante un consentimiento informado completo y claro por escrito. Hoy, por lo general, no ocurre.

-Una de las disfunciones de la medicina es la creación de alarma social. Si se informase a la población de los posibles efectos de las vacunas, ¿no cree que se estaría creando una alarma social innecesaria?

La mayoría de las personas vacunadas no sufre reacciones adversas de importancia, pero como pueden producirse y ocurriría en personas sanas, tenemos todo el derecho a obtener toda la información. No sé si eso puede asustar a alguien, pero yo antes de elegir sobre algo importante prefiero saber que no saber, claro. La información es cierto que es un arma arrojadiza y por eso hay ocultaciones entre laboratorios y administraciones y éstas suelen tirar balones fuera cuando se producen muertes o graves daños provocados por vacunas, para no dañar su imagen.

-Si SESPAS publica las vacunas verdaderamente necesarias, ¿por qué otros no lo hacen?

En el ámbito de las inmunizaciones hay mucha ideología, prejuicios, fundamentalismo, egos, miedos e intereses económicos. En mi trabajo dedico bastante espacio a explicar sobre por qué los intereses condicionan las decisiones sobre vacunas.

-Qué ocurre si una madre decide no vacunar a su hijo pequeño, le lleva a la guardería, y allí pilla el virus. ¿No es peor no haberle protegido?

Es más complicado, hay que ir vacuna por vacuna. Como explica el médico Juan Gérvas: “En el campo científico ninguna vacuna se puede considerar ‘perfecta’, de la misma manera que no hay medicamento perfecto. Por ejemplo, la vacuna de la poliomielitis, una vacuna que pertenece al grupo de las esenciales, está contribuyendo a eliminar la enfermedad pero a costa de la ‘herencia’ para el futuro de los ‘poliovirus de origen vacunal’ cuya deriva desconocemos pero no parece halagüeña (se encuentran tales poliovirus, por ejemplo, en las aguas fecales en Finlandia). Esta vacuna sirve también de ejemplo respecto a los calendarios vacunales, como demuestra el problema de la revacunación masiva en Egipto, Israel y en otras naciones ante el brote de poliomielitis en las mismas o en países limítrofes”. De ahí que es fundamental tener toda la información sobre cada vacuna. La elección será de cada familia y por ello es bueno que haya libre elección, como en nuestro país.

-El propio creador de la vacuna del VPH dice que los intereses financieros son mucho más importantes que la retirada de un medicamento a pesar de los efectos secundarios. Entonces, ¿qué hacemos?

Debemos procurarnos gobiernos que verdaderamente trabajen para la población y actúen motivados por el mejor conocimiento científico disponible. La salud pública hay que apartarla de los intereses financieros que vician las decisiones. Para ello es necesario regular el lobby, las ‘puertas giratorias’ y los conflictos de interés. Es cuestión de voluntad política pero para ello los políticos han de estar ‘limpios’.

-Para terminar, pongamos un caso hipotético. La OMS informa de que se acerca un virus y el Gobierno obliga a vacunar a toda la población ¿Lo haría aún sabiendo que las probabilidades de que le afecte es ínfima y que los efectos secundarios son mayores?

Mire, ya que me pone en una situación tan dramática le voy a poner yo en otro escenario, esta vez real: si eso ocurre ha de saber que la verdadera eficacia de la vacuna no la vamos a conocer pues todos los datos los tendrá el laboratorio fabricante y están protegidos legalmente por el llamado ‘secreto comercial’. Una agencia reguladora de medicamentos habrá permitido así la venta de la vacuna porque tiene conflictos de interés con ese y los demás laboratorios (suelen estar mantenidas por los mismos y sus directivos suelen pasar a trabajar en farmacéuticas). Una Organización Mundial de la Salud (OMS) ha animado a esa empresa a desarrollar la vacuna a toda velocidad cubriéndole las espaldas. La compañía habrá obligado al gobierno a que firme que la exima de toda responsabilidad si hay daños graves por la vacuna. Estos se producirán y quienes los padecen no han muerto por un virus pero se han quedado con los daños. Y el Gobierno habrá pagado por segunda vez: primero compró la vacuna al laboratorio y ahora paga por los daños.

Esto es real porque es lo que ocurrió durante la pandemia de gripe A de 2009, que nunca llegó a ser tal, por suerte. Y es lo que ha comenzado a ocurrir con el ébola. Pero tenga por seguro que el ébola no es la gripe y que llegado el caso, quien nos va a vacunar será el miedo, no el Gobierno.

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