PACO LEÓN

"En 'La Peste' he encontrado el hijo puta que llevo dentro"

El actor, que el próximo lunes comienza a dirigir otra nueva serie para Movistar +, 'Arde Madrid', es uno de los protagonistas de 'La Peste', la súper producción que la plataforma estrena este jueves

Paco León.
Paco León.
"En 'La Peste' he encontrado el hijo puta que llevo dentro"

-¿Cómo se siente uno protagonizando una súper producción como 'La Peste'?

-Tienes tu punto de responsabilidad, la sensación de que hay un equipazo, con una maquinaria muy grande que funciona, y un gran esfuerzo de producción, donde tú te sientes que eres una pieza que tienes que encajar y piensas eso de a ver si voy a ser yo el que la cague. También piensas que tú tienes solo que cumplir tu papel porque esto va a funcionar. La visión general sólo la tenían los que crearon la serie, pero tú tenías la impresión de estar formando parte de algo muy grande.

-Por los temas que salen en la serie parece que hay muchas similitudes entre el siglo XVI y el actual...

-Hombre, es que ahí se plantan las bases y no nos separan tantas generaciones, en ocho abuelas estamos ahí. La serie plantea hasta qué punto han cambiado o no ciertos temas como lo que era la mujer, la homosexualidad, la religión, la corrupción y sobre todo el control de la sociedad a través de la Iglesia, la política o la economía. 

-¿También hay algo de su forma de ser que podamos encontrar en su personaje?

-En mí sí. Yo he encontrado ese hijo de puta que llevo dentro. Me parezco más a Zúñiga que al Luisma, es alguien de origen humilde que ha medrado socialmente, que se ha enriquecido, que ha conseguido una posición de poder económico, algo que era difícil en aquella época, porque la gente pobre se moría pobre.

-¿Por qué les gustan tanto a los actores los papeles de 'malo'?

-No hay nada más lejos del espíritu de Alberto y Rafa que lo maniqueo. Zúñiga no es malo, pero divierte hacer maldades y sobre todo entenderlas y sorprenderte de lo que tú eres capaz de hacer, de las estrategias a la hora de conseguir lo que tú quieres, y eso es muy atractivo de interpretar. 

-¿Qué fue lo que más le atrajo de este proyecto?

-Bueno, tuve que hacer casting y estaba encantado de que me llamaran para hacer este trabajo, porque esos mimbres te daban garantía de calidad. En mi caso también estaba el atractivo de la vuelta a la tele. Del Luisma a Zúñiga hay un gran cambio, de la televisión generalista a la de pago, de la sitcom al trhiller existencialista, con lo que me apetecía. Esto de desencasillarte depende a veces de las oportunidades que te den. 

-¿Entonces cree que esta serie puede cambiar su carrera?

-Ojalá, estaría guay. En sí el resultado, que yo haga esto es un orgullo y un premio que podré decir a mis nietos porque todos los que han participado han derrochado mucha pasión.

-¿A qué público cree que va dirigida esta serie?

-A un público con el morro muy fino, a un espectador que existe ahora mismo, el que tiene una educación del gusto televisivo, que está acostumbrado a ver series de televisión de pago, un nuevo espectador que hasta hace poco no había, porque esta serie no sería posible en una TV generalista. Es un producto gourmet para un público refinado que es capaz de ver tramas complicadas y personajes complejos, no se le trata como a un telespectador tonto. 

-¿Esta producción puede conseguir que cambie también la dinámica de los creadores?

-Sí, creo que se puede cambiar la idea de que la TV es mala y el cine es bueno, porque el mejor cine está hoy en día en la TV. En la de pago se está dando libertad para las autorías, algo que en el cine es también muy complicado tenerlo. En la de pago no se necesita una rentabilidad de audiencia, eso es una liberación muy grande, porque si no dependes de la audiencia y la taquilla a nivel creativo es un lujazo. Alberto utiliza esa libertad y no hace ninguna concesión comercial, no lo hace facilón, es una apuesta radical. Para otras cosas están las otras TV.

-No me diga que reniega de ellas...

-En absoluto reniego porque lo he vivido y lo he disfrutado. Me han ofrecido más cosas en TV en abierto pero he estado diez años en una serie mítica y es muy complicado ir a más. Pese a ello hay productos espectaculares a nivel de producto y producción pero que intentar contentar a un espectro muy grande de público e intentar contentar a todo el mundo tiene sus limitaciones. 

-Encima ahora, el próximo lunes, empieza a rodar Ahora Madrid...

-Sí, y lo único que sé seguro es que va a ser en blanco y negro, no cómo va a salir. Es muy interesante esta apuesta de Movistar por la ficción nacional y está refrescando mucho la industria. 

-¿Será flor de un día?

-Espero que no, pero tengo ese miedo de que pueda serlo, pero en cualquier caso que nos quiten lo bailado. No creo que sea flor de un día porque estos productos se venden internacionalmente, porque cada vez las series españolas se venden más fuera. No es que seamos los primeros, pero también hay otros muchos que están por detrás de nosotros. La ficción italiana sí que está estancada, por ejemplo, y sorprende que un país como España tenga productos no sólo como 'La Peste' sino también otros de cadenas generalistas. A veces la cosa falla en la distribución. 

-Como director, ¿ha pensado alguna vez mientras rodaba 'La Peste' cómo la habría hecho usted?

-Yo es que creo que nos dedicamos a cosas diferentes. Me siento tan lejos de Alberto Rodríguez que parece que yo recojo aceitunas. Me alucina y le admiro profundamente, me parece una de las personas más inteligentes que he conocido nunca. El tono, su sensibilidad, de lo que habla y lo que busca en su cine es tan diferente a lo mío... Yo rodando no había director en mí, estaba lobotomizado. Después rodé 'La tribu' y ahí sí me dejaban proponer porque era comedia, pero en 'La Peste' yo le decía 'veneno que tú me dieras, veneno que tomaba yo'. 

-Y eso de rodar con esos trajes tan pesados...

-A veces rodar en agosto en Sevilla, con medias y trajes de terciopelo tenía su gracia, pero es que la gente iba a sí, con ello 'La peste' empieza a tener otro sentido, y no sólo la enfermedad. Ahora estamos amariconados, nos duchamos por todo.

-¿Le ha sorprendido a un sevillano esa Sevilla sucia, de barro en las calles del siglo XVI?

-Sí, pero me hace entender un poco esas maneras sevillanas, que ya estaban entonces, esa ciudad tan pagada de sí mismo, tan creída, de ahí viene, que fue la capital del mundo. Es que Sevilla ha sido mucho, y esa cosa de anclada en el barroco que no lo supera. Es una ciudad muy clasista pero bellísima, muy sensual e hipnótica, narcótica. Sevilla te enamora, te embelesa y te roba la cartera. Ves cómo les visten ahora a los niños en Semana Santa y piensas que son del siglo XVI, son iguales. Y también hay un mimo por lo decorativo, por el dorado, en los palacios...