Jueves 24.01.2019
Herramientas que perduran

Historia de la imprenta en España

Desde que nacemos, convivimos y hacemos uso día tras día de herramientas cuya existencia acabamos casi por naturalizar

Un buen ejemplo de ello es la imprenta, un invento sin el cual nuestras tareas diarias serían enormemente complicadas; aunque a veces no reparemos en ello. Esta realidad se nos muestra más visible si, por ejemplo, intentamos viajar en el tiempo y trasladarnos al siglo XIV e imaginamos cómo era la sociedad en la que vivía Gutenberg. Así mismo, si bien su invento resultó ser toda una revolución, la mejora y los avances en esta herramienta no han dejado de sucederse hasta dar lugar a lo que hoy conocemos como imprenta online, el último grito en el mundo de la impresión y de la imprenta digital.

La llegada de la primera imprenta a España

Aunque la primera imprenta moderna en funcionamiento nació en el 1450, en España hubo que esperar 22 años para imprimir la primera obra. Una fecha relativamente tardía si la comparamos con otros países, como por ejemplo Italia, donde su llegada se produjo 3 años antes. Una vez aterrizada la imprenta en España, su primer destino se ubicó en Segovia, urbe de referencia en el progreso a todos los niveles en aquellos años, sobre todo en el ámbito cultural y económico. Se dice que allí se realizó la primera impresión, que no fue otra que la obra “Sinodal de Aguilafuente”. Desde la ciudad segoviana, este revolucionario invento comenzó una gira por diversas ciudades españolas, de gran importancia ya en aquella época.

La expansión por las urbes españolas

Uno de esos puntos que resultarían clave fue Barcelona. La variedad literaria abrazaba a estas primeras impresiones entre las que se podían encontrar desde lecturas filosóficas y religiosas, a textos sobre gramática u obras de carácter literario. Cabe además destacar que las lenguas de dichos documentos no eran únicamente la española, sino que también se imprimían ejemplares de obras en otras lenguas hoy en día cooficiales.

Otra de las ciudades en las que la imprenta tuvo muy buena acogida fue Sevilla. Como ocurría en el resto de urbes europeas a las que había llegado, la imprenta dejaba atrás el delicado y laborioso trabajo de los amanuenses para abrir las puertas al crecimiento editorial y, especialmente, a la democratización del saber y los conocimientos, dejando la esperanza de que las clases altas y pudientes no serían las únicas que tendrían acceso a ello –aunque la Iglesia ejerció mucho control en ello, como por ejemplo por medio de la Inquisición-.

De España al otro lado del Atlántico

En el caso de Sevilla resonaron mucho nombres como el de Polono o el de Jacobo Cromberger, eminencias en la impresión de la época. Este último, de hecho, se haría con el monopolio de este invento en América, a las llamadas Indias.

Así, paulatinamente la imprenta fue desenvolviéndose y evolucionando: cada vez se fueron imprimiendo más ejemplares y cada vez en más puntos del planeta.

Hoy en día, la innovación sigue más presente que nunca en este campo, con herramientas como la imprenta online, inimaginable hace unas décadas, presentes en numerosos hogares españoles. De hecho, ¿quién podría imaginarse en la actualidad no contar con imprentas en las escuelas, en las oficinas, en las Universidades..?

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