domingo 12.07.2020

Los expertos prevén una oleada de facturas impagadas a empresas y autónomos tras la crisis del coronavirus

La situación no parece que tenga una solución rápida y se esperan un gran número de impagos, ante los que los profesionales pueden actuar de forma efectiva

Los expertos prevén una oleada de facturas impagadas a empresas y autónomos tras la crisis del coronavirus

Lamentablemente, los problemas económicos en nuestro país no van a terminar con el fin del estado de alarma. Nos hemos sumergido ya en una crisis económica que, si bien se augura que no durará tanto como la anterior, dejará importantes secuelas en nuestras empresas. La más probable y próxima en el tiempo, según la mayoría de los expertos, es el impago de facturas por parte de los clientes.

Al respecto, el abogado José Antonio Ferrer, de Ferrer Asociados, considera que “la situación actual va a influir negativamente en los ingresos y en las previsiones que habían realizado las empresas y particulares antes de la llegada de la crisis sanitaria”.

Dos escenarios posibles

En realidad, en plena pandemia ya comenzaron a producirse los temidos impagos, concretamente entre empresas. Debido a la ausencia total de ingresos motivada por la declaración del estado de alarma y las medidas de confinamiento, muchos negocios y autónomos fueron incapaces de hacer frente a sus pagos del día a día.

Tal y como explica desde BS Abogados Sandra Borella, en realidad “estos impagos todavía no se han comenzado a reclamar de forma generalizada, pues se relacionan con el carácter esporádico de la crisis y con la esperanza de poder cobrarlos una vez que se estabilice la economía”.

Sin embargo, la abogada contempla además un segundo escenario, el que tiene que ver con “las deudas en cadena que se van a generar como consecuencia de la necesidad de aumentar los precios de los productos vendidos, trabajos realizados o servicios prestados”. Lo previsible es que estas subidas de precio vayan repercutiendo de unos profesionales a otros, hasta terminar afectando al consumidor final, que puede decidir si acepta el incremento o si, por el contrario, decide no comprar los productos o no contratar los servicios. Esto supondrá “una auténtica encrucijada de la que podrá derivarse la peor de las consecuencias, el cierre y la liquidación de las empresas”, explica Borrella. Algo que, incluso, podría agravarse aún más por el miedo a una segunda oleada de coronavirus y a sus consecuencias económicas, lo que podría provocar una mayor contracción del gasto.

¿Cómo afrontar los impagos?

En primer lugar, José Antonio Ferrer adelanta que “dada la saturación que seguro que existirá en los juzgados, quizá sea muy buena opción acudir a la vía del arbitraje o a la de la mediación para intentar alcanzar acuerdos entre las partes”.

Una tesis que comparte con Sandra Borella, que además alerta acerca de la importancia de documentar adecuadamente todas las deudas y el desarrollo de los trabajos. Parece algo obvio, pero no todos los profesionales lo llevan a cabo siempre de forma correcta, que consiste según Borella en “emitir el correspondiente presupuesto a modo de ofrecimiento de los trabajos y, una vez aceptado y finalizados estos, enviar la factura con el detalle del conjunto del trabajo de forma desglosada, identificando correctamente a emisor y receptor”.

Aplicando estos sencillos consejos, unidos al registro de los avances de cada proyecto y la conformidad de los clientes, se dificultará la futura oposición al pago de las facturas pendientes.

El concurso de acreedores, una posible solución

Finalmente, siempre que la vía extrajudicial no dé sus frutos, Ferrer aboga por valorar la posibilidad de iniciar un concurso de acreedores. “Creo firmemente que es una solución que, utilizada cuando ha de utilizarse, puede ser muy útil”, asegura.

Esta idea se enfrenta a la visión más generalizada de que el concurso de acreedores es una situación finalista, es decir, que marca el final de una empresa. Una visión que según el abogado se encuentra condicionada por las estadísticas que muestran que la mayor parte de negocios que acuden al concurso de acreedores terminan en liquidación.

Sin embargo, zanja Ferrer, “empleado en el momento oportuno y siempre que hablemos de empresas con posibilidades de reflotar, el concurso de acreedores sirve para salvar empresas, conservar puestos de trabajo y asegurar el pago a los acreedores”.

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