lunes 16.12.2019
Cotización en mínimos

El derrumbe de un gigante: El KO de OHL

Las malas decisiones en los últimos años de la constructora y sus ruinosas inversiones en el extranjero han destrozado sus cuentas que ha perdido un 92% de su valor bursátil. Su excesiva deuda, la falta de generación de caja  y la pérdida de importancia en el sector de la construcción han llevado a la firma por debajo del bono basura y podría caer todavía más tras la presentación de sus resultados anuales. 

Imagen de OHL.
Imagen de OHL.

Tras un torpe impulso, el púgil logra enderazarse. Su mirada permanece perdida, confundida. Los ojos del árbitro se posan sobre los del boxeador. Continúen, grita en alto tras comprobar el estado del maltrecho deportista. Las malas decisiones, su mala actitud y sus pesadas cargas han tumbado un antiguo campeón, cuyo nombre evoca a un glorioso pasado.

Obrascón, Huarte y Lain, más conocido como OHL -el campeón venido a menos -, nació en 1999. La constructora se convirtió rápidamente en el eje central del conglomerado del empresario, marqués y exministro Juan Villar Mir, construido hace 30 años y con fuertes cadencia al apalancamiento. Un recurso utilizado hasta la saciedad y que ahora –en los últimos años-  ahoga a la propia compañía. La firma internacional –como un púgil de primera- que se codeaba con las más grandes constructoras del mundo apenas logra mantenerse en pie frente a sus adversarios.

El hundimiento de la firma es obvio: desde que marcará sus máximos en bolsa, ha perdido cerca de un 92% de su valor. El rating de su deuda está hundido hasta el nivel de bono basura. Sus resultados son pésimos, pese a sus continuas triquiñuelas en las cuentas ya sean con continuos cambios en los métodos, en los perímetros o activos que aparecen y desaparecen a conveniencia. Por no hablar del contenido, con un ‘cash flow’ negativo y un ‘capex’ (inversiones en bienes de capital) positivo, algo totalmente anómalo.

Cuentas devastadas con un exceso de deuda

Las cuentas que trimestre tras trimestre ha presentado OHL en los últimos años no ha hecho más que acrecentar su caída. Ya sea en los aspectos más técnicos, o su simple descripción resulta muy difícil entender su funcionamiento.

El primer efecto tóxico en las cuentas de OHL es su elevada deuda que ronda los 4.000 millones, según los últimos resultados ofrecidos por la firma. La cantidad supone cerca de cinco veces su valoración bursátil, que apenas sobrepasa los 800 millones, frente a los 2.400 que alcanzó cuando Villar Mir adquirió su totalidad.

El problema no termina ahí. El principal rompecabezas es que no genera dinero con su negocio. Lo que vulgarmente se conoce como ‘generación de caja’ o más técnico ‘cash flow de explotación’, no es más el dinero que ingresa o genera por desempeñar su trabajo y este es negativo. Dicho de otra manera, mantener su actividad le cuesta dinero por lo que así es muy difícil poder devolver dicha deuda.

El fenómeno de tener un flujo por sus actividades de explotación negativo es sumamente extraño en el mundo empresarial salvo tres circunstancias: la primera, que se trate de una empresa que va a quebrar. La segunda es que se trate de un fondo privaty equity –y solo ocurre en una parte corta del ciclo-. Por último, que sea un starups exitosa.  Obviamente, OHL no es ninguna de las dos últimas. Por lo que solo queda una.

Además, el problema va más allá porque el saldo negativo crece a medida que presenta nuevos resultados. Si en 2014, el saldo negativo era de 97 millones de euros, en 2015 en solo nueve meses esa cifra se había ampliado hasta los 121 millones. En los primeros los nueve primeros de 2016 la cifra ascendió a 409 millones.

Con todo ello, OHL todavía puede sorprender a los analistas una vez más. Si es raro –salvo que esté en quiebra- su cash flow sea negativo, que su ‘capex’ sea positivo es todavía más raro. El capex es el dinero que la empresa gasta en inversiones para adquirir bienes y este en 2014 era positivo en 147 millones. La única explicación posible es que la empresa ha iniciado brusca espiral de venta de activos para amortizar deuda. Podría verse con buenos ojos, pero el juego termina cuando se acaban los activos.

Gráfico

Problemas y más problemas

Por orden alfabético, por orden temporal o por importe se pueden enumerar los muchos contratiempos, malas decisiones y mal hacer de la firma. La última, una operación fallida en un centro hospitalario de Montreal (Canadá) por el que tuvo que aprovisionar más de 100 millones.

Pero la lista es extensa: los muchos problemas en el AVE entre las ciudades de La Meca y Medina, de la que forma parte –con un importante porcentaje-. Uno de sus proyectos enseña, el de Canaletas, tuvo que ser parado en 2015. La autopista de peaje –la M-12 Eje Aeropuerto- que tenía en concesión quebró. Qatar rescindió el contrato que mantenía con OHL por “falta de diligencia”. También ha tenido múltiples problemas con la justicia en México y España. Incluso no pudo colocar el 100% en una de sus últimas emisiones de bonos corporativos pese a ofrecer un interés cercano al 6,5% y la fuerte liquidez existente en el sistema.

Excesiva deuda, falta de generación de caja y unas cuentas atípicas son una bomba de relojería que nadie ha pasado por alto. Los inversores han escapado de las acciones de la firma y las agencias han sido implacables. En abril de 2012, Moody’s inició una serie de rebajas que le han hundido en el bono basura. Tras la pérdida del nivel ‘Ba2’, perdió el Ba3 en octubre de 2013. En 2016, hasta tres veces la agencia ha rebajado su nota hasta dejarlo en el Caa1, peor que el bono basura. Pero todavía no ha pasado lo peor, Moody’s dejó a OHL en perspectiva negativa, esto es que podría hundirse todavía más tras la presentación de las cuentas anuales.

Las malas decisiones en sus inversiones, al igual que las malas decisiones en la vida de un deportista, han restado competitividad a la empresa. Ahora, solo queda aguantar la ventisca de golpes y resetear el modelo.

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