lunes 30/11/20
Prejuicios

BDSM: cuando el sexo sigue siendo un tabú

Hasta hace muy poco la ciencia consideraba determinadas prácticas sexuales como patologías. Superado este primer escollo, la sociedad aún sigue sin aceptarlas

Prácticas sexuales.
Prácticas sexuales.

Nuestra sociedad es, cada vez, más abierta con todo lo relacionado con la sexualidad. Un momento, ¿con todo? Lo cierto es que hay prácticas que aún deben esconderse y el BDSM, pese a los esfuerzos de Grey y sus sombras, sigue siendo un tabú en nuestra sociedad.

Lo mismo pasaba hace unos años con la pornografía, los juguetes eróticos como los Strap On o consoladores con arnés o la homosexualidad. Durante décadas, los prejuicios llenaban nuestras mentes: que los juguetes eróticos sustituían a la pareja o que la homosexualidad es una enfermedad eran ideas que durante muchos años estuvieron presentes en el colectivo imaginario sexual de nuestra sociedad. Prejuicios que, aunque cuesta eliminar, poco a poco se van abandonando en pro de una sociedad más abierta y plural.

Hay otras cuestiones que, por lo reciente de los datos, aún cuesta eliminar de nuestra mente. Hablábamos antes de la pornografía, y pese a los nuevos y variados estilos que podemos encontrar, aún son muchos los que hablan del porno como un instrumento de vejación hacia la mujer. Sin embargo, en agosto del año pasado la Universidad de Ontario Occidental, en Canadá, publicaba los resultados de su investigación: los usuarios de pornografía sostenían, según sus datos, actitudes más igualitarias en cuanto al género en cuestiones como la presencia de mujeres en puestos de poder, las mujeres trabajadoras en general y el aborto, en comparación con los no usuarios.

Otro de los aspectos claves es que el porno es, cada vez más, consumido también por mujeres. El año pasado, uno de cada cuatro usuarios de la web Pornhub.com, uno de los portales líderes a nivel internacional, era mujer, es decir, un 24% de sus usuarios; y el dato va en aumento. Curiosamente, el porno que ellas consumen es, sobre todo, homosexual siendo en primer lugar la pornografía lésbica y, en segundo lugar, la pornografía gay.

Sin embargo, son muchas las cuestiones sexuales que aún siguen siendo tabú. El BDSM, siglas que hacen referencia a las prácticas de Bondage y Disciplina, Dominación y Sumision, Sadismo y Masoquismo, siguen siendo, a ojos de la mayor parte de la sociedad, una práctica abusiva y patológica, razón por la que muchos de sus practicantes se ven obligados a esconderse.

24/7: una fecha para la reivindicación

Si desde hace años el colectivo LGBT tiene que “salir del armario” parece que los practicantes del BDSM deben llevar a cabo un movimiento similar. La fecha escogida para la reivindicación es el 24 de julio, una fecha con doble sentido dentro del colectivo, que intenta que no se les asocie con la depravación moral y se les acepte como una opción sexual más.

Hasta 1987 el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense consideraba las prácticas BDSM como desviación sexual. Superada esta cuestión, parece que, sin embargo, la aceptación social cuesta aún mucho más. El año pasado 19 personas perdieron la custodia de sus hijos por ser practicante del BDSM. Seis años antes, en 2009, fueron 132 las que sufrieron esta discriminación.

Sin embargo, al contrario de lo que el estereotipo puede hacernos creer, un estudio publicado este mismo abril en The Journal of Sex Research confirma que los miembros de este colectivo son mucho más intolerantes hacia las agresiones sexuales o el sexismo.

El BDSM no es, como muchos creen, una forma de agresión sexual contra las mujeres. En primer lugar, porque cualquiera de los roles presentes en una relación BDSM pueden ser llevados a cabo por un hombre o por una mujer. En segundo lugar porque, según los datos de dicho estudio, la existencia de normas de mutuo consentimiento en este tipo de relaciones hacen que sus practicantes presenten un nivel de intolerancia hacia cuestiones como la violación y culpabilización de las víctimas de agresiones sexuales o la negación de la autonomía de las mujeres mayor que el resto de la población.

Un estigma que les persigue

No importa lo que diga la ciencia, ni los bestseller, ni si quiera cantantes de la talla de Rihanna o Madonna, que visibilizan estas prácticas en sus videoclips. La opinión pública aún estigmatiza cualquier práctica relacionada con el bondage y la disciplina, la dominación y la sumisión o el sadismo y masoquismo.

Hoy en día son aún pocos los que viven esta opción de una manera abierta y en muchos casos, cuando se hace, se utiliza el marco de visibilidad sexual como respaldo, por ejemplo, en festivales de orgullo gay.

Sin embargo, y pese al miedo que muchos tienen de que en su entorno descubran estas prácticas, la mayoría de los usuarios se encuentran felices con sus relaciones pero, también con su sentimiento de libertad personal siendo, para el 96%, una fuente de emociones positivas. Así lo confirman los datos de la encuesta llevada a cabo por expertos en Estados Unidos a 935 practicantes de BDSM.

Según la Doctora Sandra LaMorgese, sexóloga y practicante profesional de BDSM, estas prácticas favorecen la liberación de dopaminas y serotonina, neurotransmisores asociados a la felicidad, la tranquilidad, la diversión y la motivación, lo que explica este sentimiento de bienestar, pese a los tabúes, del colectivo BDSM.

Este estigma, sin embargo, parece ser el culpable de que en nuestro país entre el 30% y el 50% de la población adulta tenga algún tipo de fantasía relacionada con el BDSM, pero que sólo entre el 7% y el 14% las lleve a cabo. Aún queda mucho que avanzar en la verdadera liberación sexual.

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