domingo 13/6/21

El imperdonable 'blanqueo' a los golpistas catalanes

JUEZ JUSTICIA

Nos hemos acostumbrado como pueblo, como si la nuestra fuese una nación subdesarrollada o bananera, a que nuestros dirigentes nos agredan sin tregua con sus lesivas políticas. No porque éstas se traduzcan en equivocaciones o meteduras de pata que termine pagando el ciudadano de infantería (ni siquiera los políticos son infalibles), sino porque esas políticas llevan en ocasiones la pornográfica e inaceptable horma de la prevaricación.

Así, es frecuente que quienes están ahí arriba, hoy el gobierno de España, adopten decisiones, sabedores del daño inmenso e inmediato que causan a los gobernados: en sus derechos, en sus intereses… en mil aspectos. ¿Por qué lo hacen, entonces? ¿Acaso a ellos sí les benefician esas maniobras o iniciativas suicidas en términos de interés general? Hay mil motivos. La ceguera ideológica, el sectarismo puro y duro, el revanchismo frente al adversario, a quien se ve directamente como ‘el enemigo’…

Hoy es obscena la artimaña barriobajera planificada y, en su momento, veremos si ejecutada por el mismísimo Sánchez para lavarle la cara a los golpistas catalanes que (aún siendo advertidos por tierra, mar y aire, por supuesto por el Tribunal Constitucional) consumaron hace poco tiempo en Cataluña la mayor agresión a las instituciones democráticas en España desde el tejerazo, que se dice pronto. Pura barbarie. Vandalismo al por mayor. Totalitarismo de barretina. 

Sánchez no sólo confunde errores con delitos, que es por lo que esta banda (como tal operó el 1-O, antes y después) fue condenada en firme. Además, atropella sin tapujos a una institución como la Fiscalía. Y, encima, envía un mensaje patético y peligroso a todos los que se saltan la ley gravísimamente y van a prisión: si al presidente del gobierno le conviene, el presidente del gobierno les sacará de la celda… y pelillos a la mar. Ni en las más asilvestradas y caudillistas dictaduras africanas.

Hace unos años, cuando emergieron nuevos partidos como Ciudadanos y Podemos, cuando la corrupción a nivel autonómico y local le salía a España por las orejas (también la corrupción empresarial), se alcanzó el consenso sano de que los indultos no eran aceptables. 

Hoy, si desde La Moncloa no se recupera el juicio y se detiene por completo esta humillante, arbitraria y descarada operación, PSOE y Podemos tendrán que asumir el riesgo de que las calles se llenen de españoles denunciando la indefensión que genera un poder ejecutivo que no sólo perdona caprichosamente sino que premia, con gran escándalo, a quienes incluso tras los barrotes amenazan con seguir violentando las instituciones cuando les suelten. Imperdonable.

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