miércoles 13.11.2019
ANIVERSARIO DE LA COMPAÑÍA

La Tartana: 40 años fabricando sueños a través del teatro independiente

Mientras España se enfrentaba a los años más violentos de la Transición, al apagón cultural, político y social, cuatro jóvenes estrenaron en Madrid su primera obra de teatro de títeres aportando luz a una de las etapas más convulsas de la historia de nuestro país. Entonces, ese grupo de amigos no era consciente de que La Tartana se consolidaría como compañía pionera en su género con 40 años de historia y 37 espectáculos a sus espaldas

Adolfo Suárez fue nombrado presidente del Gobierno, el Partido Comunista de España pedía su legalización y el PSOE acababa de celebrar su congreso número 27 aún en la clandestinidad, cuando un grupo de envalentonados ultraderechistas asesinó a sangre fría a cinco abogados de Comisiones Obreras en un despacho de Atocha. Era el año 1977. Golpes, manifestaciones y muertes. La oscuridad del franquismo se resistía ante las ansias de libertad que reclamaba la sociedad. Mientras España se enfrentaba a los años más duros y violentos de la Transición, al apagón cultural, político y social, cuatro jóvenes estrenaron en Madrid su primera obra de teatro de títeres aportando luz a una de las etapas más convulsas de la historia de nuestro país.

“Recuerdo esos años locos. Nosotros nos movíamos mucho. Acudíamos a exposiciones, obras de teatro, etc. aunque siempre eran actividades censuradas. Hacíamos una defensa del aprendizaje, de lo artístico, de la búsqueda, pero no estábamos politizados. Estábamos más en la parte cultural y artística aunque fuéramos gente de una mentalidad de izquierdas y abierta”, explica a este diario Juan Muñoz, director y fundador de La Tartana que desde los años setenta ha estrenado ya 37 espectáculos.

Entre títeres, luces y música presentaron ‘Polichinela’, su primer espectáculo, un clásico del mundo de las marionetas. Entonces, aquel grupo de jóvenes titiriteros no era consciente de que La Tartana se consolidaría como compañía pionera en su género y reconocida del teatro independiente español. “Fue un momento muy fuerte. Quizá porque la libertad expresión no existía y justo nosotros hicimos un espectáculo que no tenía texto, solamente movimiento, luz, sonido y música y títeres. Gustó bastante y creo que de repente valoraron artísticamente aquel trabajo. Fue importante, algo que nos empujó a seguir”, afirma Muñoz. Desde entonces, la compañía no ha parado de recorrer el país con espectáculos para todos los públicos de autores clásicos y contemporáneos, con sus títeres construidos de manera artesanal.

“¿Por qué no hacemos nosotros algo a ver qué sale?”

Aprendieron de la magia del maestro Francisco Peralta. Fue su profesor en el colegio, le ayudaron en su taller y a organizar sus espectáculos. Pero querían más y las ansias de crear y mostrar les llevó a dar un paso al frente. “Veníamos de colegios en los que no se les daba valor a esas cosas y en cambo él de repente sí. A la pintura, a la escultura, etc. Empezados a trabajar con el y se nos metió el gusanillo. Peralta es maravilloso pero era muy lento para unos chicos tan jóvenes como nosotros que estábamos deseando estar en el escenario, hacer cosas, estar en el taller. Un día nos miramos y nos dijimos: “¿Por qué no hacemos nosotros algo a ver que sale?””, recuerda Muñoz.

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La Tartana comenzó ofreciendo espectáculos en casas particulares y trabajando en buhardillas prestadas. Recorrieron plazas,calles y festivales internacionales con el único objetivo de mostrar su arte. Fue su irrupción en el barrio madrileño de Prosperidad lo que marcó un antes y un después en la trayectoria de la compañía. “De repente nos dejaron un espacio en el barrio de Prosperidad que se hizo famoso por Alaska, el Gran Wyoming, etc. Era un espacio maravilloso, unas aulas grandísimas con tres y cuatro metros de altura. Para nosotros era un placer”, dice Muñoz. Allí dieron el salto al teatro y se hicieron un hueco en los festivales internacionales.

La Tartana, premio Max de las Artes Escénicas

“Creíamos que era importante contar historias que llegaran a la gente. Ahí surge el teatro independiente. Cargando en nuestras camionetas los focos, el equipo de iluminación y sonido. Solamente nos dejaban un sitio y normalmente el sitio no estaba en condiciones. A veces incluso había que limpiarlo un poco. Pero poco a poco se empiezan a crear espacios”, asegura el fundador de la compañía.

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Tras años de esfuerzo y sin parar de crear, La Tartana recibe en 1998 el premio Max de las Artes Escénicas por el espectáculo ‘Frankestein’. A partir de los años 90, la compañía se especializa en el público infantil. “Vamos a seguir igual pero es verdad que hay cosas que te dan empujón y te hacen pensar que si hay reconocimiento es porque hay interés. Es una cosa más para nosotros que de cara a los demás. El teatro infantil tiene poca visualización a nivel de imagen, de público y de medios de comunicación. Es bueno que existan estos premios para dar a conocer ciertos proyectos y ciertas compañías”, explica Muñoz.

La fábrica de sueños

El equipo de La Tartana compuesto por actores, manipuladores, diseñadores de iluminación, técnicos y productores ponen en marcha cada año procesos de creación para sacar adelante los espectáculos. Innovan y buscan de manera constante nuevas puestas en escena. Ellos mismos trabajan y crean los títeres, protagonistas de las obras. “La Tartana es una ‘fábrica de sueños’ donde podemos imaginar todo tipo de historias para dar forma a espectáculos increíbles que hacen viajar al público a todos esos mundos fantásticos que creamos durante un año de trabajo en el taller”, explica Luis Martínez, productor de la compañía.

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Aunque la compañía está especializada en el público infantil, tiene claro que también debe referirse a los adultos. “Nuestro público son los dos porque en los espectáculos infantiles también vienen los adultos. Nuestras obras tienen que llegar a los dos. Por un lado el niño conecta directamente con el títere y a los adultos, que ya han perdido esa inocencia, hay que darles otras claves como la estética, guiños, la espectacularidad”, afirma Inés Maroto, codirectora de La Tartana. Respecto al proceso de creación el equipo asegura que la idea inicial evoluciona drásticamente hasta que el espectáculo está listo para ser representado.

“Vamos añadiendo mecanismos de complejidad de manera que es habitual que el resultado final sea diferente al que habíamos ideado en un principio. Todo el equipo participa en este proceso de manera que al final el espectáculo tiene un poco de todos”, añade Martínez. Aunque en sus espaldas cargan con 40 años de trabajo y reconocimiento en el mundo de la cultura, todos coinciden en que el camino no ha sido fácil. “Creo que el teatro de títeres es un arte y como arte tiene que ser creación y buscar pinceladas y líneas para que las siga el espectador. Nunca he escuchado a nadie de mi equipo decir ‘nos vamos a forrar’. Buscamos retos y compromisos e ideas para hacer. En ese sentido no ha sido fácil, no nos han regalado nada”, concluye el director de La Tartana.

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