miércoles 16/6/21

La sangre de Federico García Lorca vuelve a la vida en "Federico", de Ilu Ros

Mucho, pero no suficiente, se sabe de Federico García Lorca, y por eso la ilustradora Ilu Ros ha aportado una montaña de granos de arena para que en su "Federico" estén todas esas voces que habitaron en el corazón y en el universo del poeta granadino, un ser marcado por el "amor y la pena"

lorca

"En el examen de selectividad me salió un texto de Federico García Lorca", recuerda entre risas a Efe esta artista murciana afincada en Madrid que reconoce no ser muy consciente aún de lo que ha hecho con esta biografía ilustrada (Lumen) en la que García Lorca vuelve a pasear de la mano de todos los que construyeron su vida.

Una biografía que, aunque le llegó como encargo de la editorial que le "encogió el estómago", ahora reconoce que está feliz y que, de haber pensado de motu proprio en abordar la vida de alguien, habría elegido también la de Federico, porque "no hay otra persona más bonita y con ese universo".

Así que se alió con la pandemia, porque gracias a esta situación ha podido dedicarle 24 horas durante un año, y se sumergió en todos los libros tanto de García Lorca como de esos familiares o autores que han ido desgranando las diferentes facetas, personales y profesionales, de su figura.

Conseguido el reto de conocer, analizar e interiorizar a Federico, esta murciana (1985) de ojos alegres y moño despeinado se propuso hilvanar a través de sus dibujos el "espíritu, la pena y el dolor" de una manera sanadora: haciendo de su libro un documento "muy vivo" para que el lector se sumerja en esa "atmósfera" que el poeta y dramaturgo creaba allá donde fuera.

Eso sí, para hablar de este huracán de vida Ros arranca el libro con un Federico herido de muerte al que acompaña la luna. Una luna que dicen que no salió cuando lo asesinaron, pero ella se ha permitido "fantasear" y le ha colocado un astro vigilante que ilumina al poeta tendido en el suelo.

"Todo el mundo sabe cómo murió, y esto es una de las mayores vergüenzas de este país. Yo no quería que el lector estuviera esperando el momento de su asesinato, así que lo puse al principio", explica.

Por eso esta biografía es un canto a la vida, una exaltación de un Federico "libre", sin filtros, al que van describiendo en esta obra algunos de sus familiares, como su hermana Isabel, o sus grandes amigos, Dalí, Buñuel, Margarita Xirgú o Pepín Bello.

Personas que van desgranando cómo veían a su amigo, a su hermano o a su amante, por lo que "Federico" se convierte en una suerte de documental con estructura teatral en el que es fácil imaginar que nos están hablando con el objetivo de que este universo lorquiano no pierda esa fuerza que se apagó un 18 de agosto de 1936.

Y por estas páginas disfrutaremos de las cartas que se intercambiaron Dalí y García Lorca, cartas "absolutamente hermosas", dice Ros, en las que el granadino reconoce, lleno de tristeza, que este amor es imposible. Pero también vivimos cómo Buñuel no entiende la homosexualidad de su amigo, o cómo Pepín Bello intercede en todo lo que hace el que fuera su compañero de la Residencia de Estudiantes.

También sufriremos junto a él con su amor frustrado por el escultor Emilio Aladrén, y nos divertiremos con sus viajes por Nueva York o Cuba, lugares en los que Lorca disfrutó y creó sus mejores versos.

Al final de estas más de 300 páginas, Ros nos conduce a un epílogo en el que reina el silencio, ése que pesa y que ha dibujado en unas páginas vacías en las que reinan las figuras de los seres que más amaron al creador granadino, ése en cuya cara llena de lunares la autora ha creado una constelación de luz.

"Con su muerte quería dejar constancia del vacío que dejó y ese vacío que llega hasta hoy", reconoce la autora de esta obra que sobrecoge y alegra a partes iguales y que llega rotunda para reivindicar al considerado como el poeta más importante del siglo XX y cuyo cadáver aún está por descubrir, algo que, a modo de conclusión, lamenta también esta joven ilustradora. EFE

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