miércoles 16.10.2019

PALABRAS COMBATIVAS: IMPLACABLE Y NO OBSTANTE HUMANO¿POR QUE EL PRESIDENTE OBAMA CITO A CHURCHILL SOBRE EL TEMA DE LA TORTURA

No recibió la atención que merecía por ello, pero el Presidente Obama estaba fusionando muy inteligentemente principios liberales con una apelación a los valores conservadores básicos de la "Vieja Europa" cuando, durante una conferencia de prensa celebrada en el marco de sus primeros 100 días de mandato, utilizó a Winston Churchill para justificar su oposición al "submarino" y otras "técnicas de interrogación mejorada". El mandatario estadounidense dijo a su público que, aún cuando Londres estaba siendo "bombardeada hasta despedazarla" y aun cuando el gobierno británico tenía bajo su poder a cientos de agentes nazis en un centro de internamiento, el Primer Ministro consideraba que la tortura nunca era permisible.

Sería reconfortante pensar que alguien cercano al Presidente Obama le hubiera entregado una copia de un poco conocido libro titulado Camp 020: MI5 and the Nazi Spies (Campamento 020: El MI5 y Los Espías Nazis). Este libro fue publicado por la Oficina Británica de Registros Públicos en el 2000 y describe las operaciones de la Casa Latchmere, una extraordinaria prisión británica ubicada en Ham Common, en el suburbio londinense de Richmond, que llegó a albergar hasta a 400 agentes de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.

El comandante a cargo de la Casa Latchmere era el coronel Robin Stephens y, a pesar de que usaba un monóculo y representaba cada aspecto de un frígido aplicador de las ordenanzas militares (era conocido y temido por su apodo de 'Tin-Eye' u 'Ojo de Lata'), era un decidido partidario del enfoque de no violencia hacia sus huéspedes de largo plazo. Para ponerlo claro -- tal como él lo hizo -- su opinión era y siguió siendo la siguiente: "La violencia es un tabú, dado que no sólo produce respuestas para satisfacer (al interrogador), sino que además reduce la calidad de la información".

Para que usted más o menos entienda el alcance de esta prohibición, le pido que considere el caso del agente alemán de nombre secreto "TATE", quien fue lanzado en paracaídas sobre Inglaterra en septiembre de 1940, en momentos en que casi toda Europa continental se encontraba bajo el control de Hitler y cuando ni Estados Unidos ni la Unión Soviética habían entrado a la guerra. Luego de ser llevado al Campamento 020, TATE se apegó tozudamente a la versión de que era un refugiado danés.

Un interrogador externo que no estaba acostumbrado a las reglas de la prisión de Ham Common se exasperó por su terquedad y "siguió a TATE a su celda al final de ese primer interrogatorio y, violando flagrantemente la estricta regla del comandante referente a que en la prisión nunca se debería utilizar violencia física, golpeó al agente en la cabeza. El incidente ocasionó que inmediatamente (el oficial agresor) fuera trasladado del campo, a instancias del comandante". Un golpe a la cabeza en momentos en que un sinnúmero de ciudades indefensas británicas estaban siendo devastadas con bombardeos todas las noches, y el brutal oficial fue trasladado de allí definitivamente.

Y eso no es todo. Posteriormente TATE fue sometido a la inconveniencia de interrogatorios intensivos, que incluían claras insinuaciones de que había sido traicionado por un amigo cercano nazi. TATE terminó confesando todo, llevando a sus captores al lugar donde había escondido una radio transmisora que posteriormente utilizaría para enviar a Alemania información de inteligencia falsa. Los registros del periodo bélico de Inglaterra concluyen que "el hábil manejo de sus actividades e informes no sólo brindó oportunidades para engañar al enemigo sino que además se obtuvo información de avanzada que propició la detención de otros agentes y su neutralización".

Las similitudes aquí no son siempre tan exactas como a uno le gustaría. Los agentes de espionaje no estaban protegidos por la Convención de Ginebra y la existencia del campo ni siquiera tenía que ser informada a la Cruz Roja (lo que por supuesto de cierta forma hace que la restricción sea más notable). Sin embargo, por el mismo motivo los agentes de espionaje por lo general no eran responsables de escenarios con "bombas de tiempo". Aún así, la necesidad de obtener información de inteligencia oportuna en ese entonces era una cuestión de supervivencia nacional, y la tentación para tomar atajos debía haber sido intensa.

Los espías, al contrario de los prisioneros de guerra, estaban sujetos a la pena de muerte, y el reconocimiento de que podían ser ejecutados (únicamente después de un juicio, por supuesto) algunas veces era utilizado para doblegar a nazis recalcitrantes. De hecho, durante el curso de la guerra un total de 16 agentes de Hitler fueron sentenciados a la pena capital, la gran mayoría ahorcados y uno de ellos ejecutado de forma más bien grandiosa en la Torre de Londres. Catorce de las víctimas provinieron del Campamento 020, donde el libro registra que existía un debate considerable entre los oficiales sobre la utilidad de la pena capital (cuando uno mira algunas de las caras de rufianes de los hitlerianos en fotografías de esas páginas se siente tentado, sin lugar a dudas de forma irracional, a desear que hubiera habido un poco menos de clemencia).

Me percaté de que uno de los memorandos de tortura de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) mencionaba la negación a alimentos sólidos como táctica contra nuestros prisioneros. En el Campamento 020, ni siquiera esto era utilizado como medio de interrogación, aunque una vez fue utilizado para poner fin a una huelga de hambre organizada por un cierto Herr Krag, "un fanático nazi de Schleswig-Holstein." Los participantes de esta revuelta fueron "confinados a sus celdas y se les fue provista glucosa y leche. La frustración se dejó sentir a las 72 horas". Creo que uno podría enfrentar el juicio de la opinión mundial con una conciencia razonablemente limpia con actos como el anterior.

Tal como lo escribió el coronel Stephens, siguiendo las palabras citadas arriba sobre cómo "la violencia es un tabú" y que ésta "reduce la calidad de la información": "No hay margen para porcentajes de valoración de confiabilidad. Si la información es correcta, es aceptada y registrada; si la información es dudosa, debería ser rechazada totalmente".

En otras palabras, precisamente porque la situación era tan urgente, tan desesperada y tan grave, no se podía permitir que métodos estúpidos o de novatos contaminaran la fuente. El coronel Stephens, quien estaba completamente dedicado a hacer que los prisioneros confesaran y a destruir a los nazis, eventualmente persuadió a muchos detenidos de importancia para que trabajaran para él y comenzó a recibir solicitudes de asesoramiento "del FBI (Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos), de la Policía Montada del Canada, del Director de Seguridad de India y de Movimientos de Resistencia de de Gaulle, belgas y holandeses". Sería bueno pensar que aún ahora, el servicio de inteligencia de Estados Unidos podría leer una hoja de este despiadado y no obstante humano libro.

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