lunes 18/10/21
VUELVE EL MITO

Drácula y su eterno idilio con el séptimo arte

El nuevo filme es un fallido intento por combinar épica y fantasía. Y el mazado Drácula, interpretado por Luke Evans, es más parecido a los superhéroes que tanto abundan en Hollywood que al personaje que inmortalizó Bram Stoker

Drácula, la leyenda jamás contada
Drácula vuelve pero no convence.

El cine vuelve a desempolvar el ataúd del vampiro más famoso de la historia con Drácula: la leyenda jamás contada. Llega dispuesto a hincarle el diente al público aunque no lo va a tener fácil, sus predecesores dejaron el listón muy alto. Por el momento, no ha sido capaz de convencer a una crítica que no ha tenido piedad en devolverlo a su Transilvania natal. La película no termina de convencer, a pesar de la sorprendente vuelta de tuerca a los orígenes del personaje: cómo el sanguinario príncipe rumano Vlad Tepes se transformó en Drácula.

El filme, que se estrena este viernes en España, es un fallido intento por combinar la épica y la fantasía. Y qué decir del mazado y atormentado Drácula que da vida Luke Evans –pareja sentimental del español Jon Kortajerena, según los tabloides sensacionalistas en Reino Unido-; el galés guarda más parecido con los superhéroes que tanto abundan últimamente en la cartelera, que con el personaje que inmortalizó en la literatura Bram Stoker en 1897. En definitiva, otro entretenimiento ‘made in Hollywood’ para adictos al cine de acción y dosis de buenos efectos especiales.

No obstante, el último conde transilvano es un magnífico pretexto para recordar su sanguinaria trayectoria a lo largo de la historia del cine. Su idilio con el séptimo arte viene de lejos, pues lleva casi un siglo atracándose a glóbulos rojos. La primera vez que el conde de los Cárpatos enseñó el colmillo fue en 1922 de la mano de F.W. Murnau, aunque oficialmente se produjo en 1931. El cine encontró todo un filón en el legendario vampiro, con cerca de 200 películas. Entre ellas hay obras maestras, películas de culto, engendros horripilantes, parodias estúpidas, musicales y adaptaciones porno. Y es que por mucho que se le intente mantener a raya con crucifijos y ristras de ajo, el insaciable Drácula siempre vuelve en busca de nuevas víctimas.

La lista de actores que han interpretado al conde es inabarcable y de lo más variopinto. Desde el mítico Christopher Lee al Drácula romántico de Coppola, pasando por David Niven, Klaus Kinski, Paul Naschy, Gerard Butler e incluso el mismísimo Chiquito de la Calzada (Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera). El humorista no fue el único español que portó la capa y afiló sus colmillos, ya que en 1931 un cordobés, el actor Carlos Villarías, encarnó al legendario vampiro en Hollywood. La lista también la integran Dráculas afroamericanos, danzarines y hasta sordomudos. De entre todos los príncipes de las tinieblas, Estrella Digital se queda con los chupasangres más icónicos y emblemáticos de la historia del cine.

Nosferatu, el vampiro (1922)

Está inspirada en la novela de Bram Stoker aunque no figure en los títulos de crédito, puesto que su director no pudo pagar los derechos de autor a la viuda del escritor irlandés. La película de F.W. Murnau es una de las obras cumbre del expresionismo alemán y uno de los mejores filmes de terror de la historia. Es lírica y tenebrosa a partes iguales. La caracterización de Max Schreck como Conde Orlok, álter ego de Drácula, es sobrecogedora e inquietante, pero más aún si cabe la leyenda del propio actor, del cual se decía que era un vampiro real. En el año 2000, se estrenó La sombra del vampiro, una fantasía sobre el rodaje del filme de Murnau, en la que Willem Dafoe da vida al actor/vampiro.

Drácula (1931): El vampiro aristocrático de Bela Lugosi 

Hollywood creó al monstruo y le catapultó a la fama. El Drácula de la Universal es la primera adaptación oficial de la novela de Bram Stoker y una de las más apreciadas por los cinéfilos. Su carácter excesivamente teatral no es óbice para que la película desprenda un poderoso halo fantasmagórico. El famoso actor de cine mudo Lon Chaney, conocido como el hombre de las mil caras, fue en un principio el elegido para ostentar tan digno título nobiliario en el cine, pero su repentina muerte obligó a los productores a decantarse por Bela Lugosi, que ya había encarnado al vampiro transilvano en Broadway. El papel le iba como anillo al dedo y de la noche a la mañana se convirtió en una estrella. Sin embargo, el personaje devoró al actor y marcó su carrera profesional e incluso su vida. El actor de origen húngaro se dio a la morfina, cayó en el olvido y se convirtió en objeto de burlas de compañeros de profesión. Sólo Ed Wood –el que dicen que fue el peor director de la historia- se acordó de él al final de sus días para intervenir en una de sus bazofias cinematográficas. Fue Drácula hasta la muerte, llegando a ser enterrado con su capa de vampiro por expreso deseo del actor.

El Drácula de la Hammer (1958-1972)

La sangre comienza salir a borbotones con el Drácula de la Hammer a finales de la década de los 50. Pese al limitado presupuesto, su director, el británico Terence Fisher, logra una meticulosa y elegante puesta en escena que resulta poderosamente turbadora. La productora encontró un auténtico filón con el famoso vampiro gracias a la diabólica interpretación de Chistopher Lee, quizás la que más se aproxima al personaje literario. Y es que el ahora nonagenario y cantante de heavy metal da vida a un monstruo con apariencia humana y fines destructores que ponen los pelos de punta. Frente a él, otro actor de altura, Peter Cushing en el papel de Van Helsing. Un duelo antológico que culminó en los 70 con Drácula 73, una cinta bastante mediocre y muy inferior a sus antecesoras. Sin embargo, el Drácula de la Hammer logró dar un giro de 180 grados al enriquecer el mito con dos nuevos factores: el sexo y el descontrolado derramamiento de sangre. Un buffet libre ideal para vampiros insaciables.

Nosferatu, el vampiro de la noche (1979)

Revisión del clásico de Murnau dirigida por uno de los padres del Nuevo Cine Alemán, Werner Herzog, e interpretada por su actor fetiche, el siempre excéntrico Klaus Kinski. El Nosferatu mudo es una obra sublime, pero el remake de 1979 no se queda atrás. El vampiro de Herzog es impacatante desde el arranque gracias a su hipnótica banda sonora, la inquietante y expresionista atmósfera y la sobrecogedora actuación de Kinski, que logra dar miedo de verdad. Sin embargo, la película también fue muy controvertida en su momento al mezclar lo romántico y lo pútrido.

El Drácula romántico de Coppola (1992)

Francis Ford Coppola decepcionó y cautivó a partes iguales con su adaptación de la novela decimonónica de Bram Stoker en 1992. El cineasta neoyorkino despertó al conde de su ataúd para hacerlo sufrir como nunca lo habíamos visto en la gran pantalla y contarnos la historia del enamorado que "cruzó océanos de tiempo" en busca de su amada. Un visceral melodrama sobre el amor y la inmortalidad del deseo, que es completamente infiel al vampiro literario por mucho que se empeñe su director. Pero su traición se perdona al brindarnos una de las historias más apasionadas de la historia del cine. Los extraordinarios efectos especiales, unidos a la atmósfera neogótica ayudan a construir un relato impactante lleno de fuerza visual, y algún que otro exceso que los amantes del filme también le perdonamos. Las interpretaciones corren a cargo del camaleónico Gary Oldman en el papel del enamoradizo monstruo, Winona Ryder como la joven Mina y Anthony Hopkins como Van Helsing, a pesar de la sobreactuación y el insufrible acento holandés de la versión doblada. De Keanu Reeves mejor ni hablar, su actuación es para olvidar. 

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