Martes 23.10.2018
Mitos y leyendas

La verdad en el estudio de las momias

Con los grandes avances tecnológicos que se han originado con el tiempo, el campo de la antropología ha encontrado un gran interés por el estudio e investigación de los cuerpos de los antiguos faraones, hecho que aunque despierta una gran atracción, también resulta un gran peligro

Momia de Ramsés II.
Momia de Ramsés II.

El antiguo Egipto ha suscitado un gran interés para los antropólogos y para el mundo en general desde sus inicios. Historias formadas por grandes mitos y leyendas misteriosas han hecho que muchas miradas se hayan centrado en investigar el lado más oscuro y desconocido del país. La historia de los cuerpos de los antiguos faraones, -dónde se hallaban y cómo habían fallecido- ha despertado el interés de muchos investigadores que han dedicado numerosos estudios  a dicho tema con el objetivo de revelar la verdad acerca de las momias.

Antiguamente, los cuerpos de las personas fallecidas, sobre todo aquellas que poseían un gran poder y riqueza, eran embalsamados para evitar su descomposición con el fin de que dicho cuerpo perdurara intacto durante años. El origen de las momias lo encontramos desde las primeras civilizaciones, y desde entonces, ha resultado ser un tema que, por su gran misterio no ha resultado indiferente para nadie. Entre sus numerosas creencias, existía la idea de que profanar las tumbas de las momias traería consigo un gran abanico de maldiciones. A pesar de eso, muchos investigadores no han podido evitar adentrarse en la búsqueda de más información que respondiera a todas sus preguntas. Pero, ¿son conscientes de los peligros que dicho hallazgo puede traer consigo?

Las momias, a pesar de estar conservadas, son generadoras de numerosas bacterias, hongos y enfermedades que pueden resultar de gran peligrosidad para todo aquel que intente realizar el estudio sin unas medidas de precaución adecuadas. De hecho son numerosos los investigadores que, a día de hoy han perdido su vida por sumergirse en el mundo de las momias sin tener presente los riesgos que llevaba consigo. Muchas de estas bacterias son originadas por el propio lugar en el que están ubicados los cuerpos, pero también se han descubierto casos en los que sus propias muertes eran provocadas por una determinada enfermedad contagiosa y que por aquel entonces no disponía de cura. Un caso es el de Ramsés II, cuya momia empezó a deteriorarse en 1976, hecho que hizo que el gobierno egipcio estableciera un acuerdo con el Museo del Hombre de París, dónde más de 200 científicos de los dos países, comenzaron a investigar dicho suceso.Una vez estudiado, descubrieron que el faraón estaba infectado por 89 tipos de hongos diferentes. Sometido a numerosos exámenes de distintas áreas, se llegó a la conclusión de que el deterioro había sido producido por la Daedalea biennis Fries, un hongo altamente tóxico.

Otro caso que también fue analizado es el de Ramsés V, que constituye el caso de viruela más antiguo. En su piel se observaban marcas que constituían el reflejo de que había padecido esta enfermedad que,con cuarenta años de edad,le llevó a la tumba en el Valle de los Reyes. A pesar de que su rostro es muestra de serenidad, se podían ver erupciones en la cara, en el cuello y en los brazos.

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