lunes 30.03.2020

El Guggenheim de Bilbao dedica la primera retrospectiva en España a Rousseau

La exposición ocupa tres salas de la última planta del centro de arte y en ella se podrán ver, aunque sin un orden cronológico determinado, los cuadros más relevantes del costumbrismo, retratos y paisajes

El Guggenheim de Bilbao dedica la primera retrospectiva en España a Rousseau
El Guggenheim de Bilbao dedica la primera retrospectiva en España a Rousseau

Una selección de treinta de las mejores obras de Henri Rousseau integra la primera exposición retrospectiva dedicada en España al pintor francés, que podrá visitarse desde este martes en el Museo Guggenheim de Bilbao. La exposición ocupa tres salas de la última planta del centro de arte y en ella se podrán ver, aunque sin un orden cronológico determinado, los cuadros más relevantes de los tres géneros que cultivó: el costumbrismo, los retratos y los paisajes, tanto los selváticos que nacían de su imaginación como los de las afueras de París.

Rousseau, quien no consiguió ganarse la vida con la pintura hasta casi el final de su existencia, redefinió el espacio pictórico de una forma que no se conocía hasta entonces, ha explicado hoy la comisaria de esta muestra y conservadora de las Colecciones de la Fundación Solomon Guggenheim de Nueva York, Susan Davison, al presentar la exposición. La falta de formación pictórica, ha explicado la comisaria, hizo que el pintor desarrollase una obra fundamentalmente plana, carente de perspectiva y movimiento, y con composiciones no siempre proporcionadas, lo que da a sus retratos y paisajes un cierto aire infantil y "naif".

Para solucionar estas carencias, Rousseau, que no se dedicó de pleno a la pintura hasta su prematura jubilación en 1893, a los 49 años, creó un personal estilo pictórico basado en la segmentación de los planos en que presentaba sus composiciones, que, posteriormente, fue adoptado por artistas europeos de la corriente cubista. Rousseau, ha indicado la comisaria, comenzó a ordenar los elementos del lienzo desde el fondo hacia el primer plano, método que adoptarían posteriormente los cubistas, en una técnica acumulativa que anticipó, seguramente sin él proponérselo, la autonomía del plano sobre la composición global tan característica del arte moderno.

Ahora al cumplirse cien años de su muerte, el Museo Guggenheim de Bilbao ha querido reivindicar la figura del pintor francés Henri Rousseau no sólo como pionero del movimiento naif, sino también presentarle como precursor del arte moderno, de movimientos como el cubismo, el surrealismo y el expresionismo.
"Es la primera muestra que se dedica en España para conocer en profundidad la obra de este peculiar artista francés de entre siglos con motivo de cumplirse el centenario de su fallecimiento", ha subrayado el director del Museo Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, al presentar la muestra a los medios de comunicación.

La influencia de Rousseau

Henry Rousseau nació en 1844 y, tras desempeñar diversas profesiones, acabó trabajando como funcionario público en la capital francesa, por ello en el mundo artístico del París de finales del XIX y principios del XX fue conocido por el apodo de "el aduanero". No fue hasta 1884, con 40 años, cuando comenzó a interesarse por la pintura y, de una forma completamente autodidacta y como aficionado, empezó a copiar cuadros exhibidos en los museos de París.

Posteriormente pasó a plasmar las escenas costumbristas que veía en los jardines de París, así como a retratar a los animales salvajes que veía en sus visitas al zoo de la capital francesa. Y pese a carecer de formación académica, Rousseau se las ingenió para exponer en los salones académicos de París, sobre todo en el que acogía la obra de los pintores independientes.

La obra de Rousseau atrajo la atención de otros artistas jóvenes que se formaban en el París entre siglos, convertida entonces en la capital mundial del arte, algunos de los cuales, como Pablo Picasso, Leger o Kandinsky, buscaron su amistad y compraron algunas de sus obras. Se da la circunstancia de que su primer cuadro, titulado "El león hambriento se abalanza sobre el antílope" y uno de los más famosos de Rousseau, lo vendió en 1905, cinco años antes de su muerte.

El Guggenheim de Bilbao dedica la primera retrospectiva en España a Rousseau