viernes 22.11.2019

La cruda realidad que esconden los cuentos infantiles

La sirenita se convierte en espuma por el rechazo del príncipe y el lobo se come a la abuela de 'Caperucita', historias crueles que se dulcifican para no traumatizar a los menores

La cruda realidad que esconden los cuentos infantiles
La cruda realidad que esconden los cuentos infantiles

Todos hemos crecido arropados por los cuentos infantiles que contaban madres y abuelas antes de dormir o en la comida, incluso algunos se han trasladado a la gran pantalla de la mano de Disney, pero la mayoría de las versiones originales de los cuentos no son indicados para los niños.

La crueldad y la violencia marcaban los argumentos originales de las historias tradicionales que se han transmitido de padres a hijos. Por ello, Valentín Martínez-Otero, doctor en psicología y pedagogía y profesor de la UCM, explica que es recomendable "realizar cambios en el cuento para que se neutralicen sus aspectos negativos, crueles o violentos y se potencien los beneficios" para que al niño le llegue un mensaje positivo del que pueda aprender algo.

Los cuentos tradicionales no eran bonitos, dulces ni comían perdices al final, sobre todo los heredados de autores como los hermanos Grimm, Perrault, Andersen o Lewis Carroll. Muchas de estas narraciones están cargadas de moralejas, pero también de aspectos crueles que deben omitirse sino aportan nada al menor.

Se cree que la razón de que estos cuentos contengan mensajes tan poco adecuados para los pequeños, es porque se escribieron para asustar a los niños y que se alejaran de ciertas situaciones o personas que pudieran acarrearles peligros.

Además, los niños también utilizan a los personajes crueles de los cuentos como "una representación de sus seres queridos cuando se enfadan o les castigan. Para los niños es como si por ejemplo su abuela, que es una mujer bondadosa y agradable con ellos, un día se enfada y les reprende. Los niños separan a esa persona en dos personas diferentes. A la que quieren y la que se enfada", señala el psicólogo austriaco, Bruno Bettelheim, en "Psicoanálisis de los cuentos de hadas".

Los niños en ocasiones "son incapaces de ver una congruencia entre esas dos manifestaciones de sentimientos en la misma persona. Muchos necesitan alguna vez disociar la imagen de sus padres en el doble sujeto, el benévolo y el amenazador", señala Bettelheim. Además, el psicólogo austriaco aclara el papel de las hadas, "son las que protegen al niño de ese sujeto amenazador que a veces toma la apariencia de sus seres queridos".

Hay menores que por las circunstancias de su vida son sometidos a situaciones que no deberían tener que vivir y que pueden desencadenar en trastornos. Algunos de los personajes de los cuentos representan esos trastornos de manera amable para ayudar al niño a superar esos obstáculos. "Los cuentos pueden cumplir un papel terapéutico", señala el profesor Martínez-Otero.

Los cuentos no son siempre bonitos

Martínez-Otero recalca la importancia del papel de los cuentos infantiles pero también su adaptación a cada niño: "Es posible que algunos estén menos indicados por su violencia o crueldad, aunque también depende de la sensibilidad infantil y de la edad". "Por ello -continúa-, hay versiones dulcificadas de cuentos muy duros, ya que es importante que lancen un mensaje positivo, moral y beneficioso".

Por ejemplo, en el cuento de 'La Sirenita' se omite la parte en la que la sirena se convierte en espuma por el rechazo del príncipe al casarse con otra. En 'Caperucita Roja' se dulcifica que el lobo se come a la abuela y el cazador le abre en canal. En 'Blancanieves' se obvia la muerte de la bruja tras bailar durante horas con unos zapatos de metal ardiendo. En 'Hansel & Gretel' meten a la bruja dentro de un horno y muere asada viva, y en 'La Bella Durmiente' la bruja quiere comerse a la princesa y a sus hijos. Por el contrario, en 'La Cenicienta' se debe mantener el relato de cómo las hermanastras y la madrastra maltratan psicológicamente a la Cenicienta, para que los niños asuman que no es bueno tratar así a las personas.

La función de los cuentos

Tanto los cuentos tradicionales como los modernos son vehículos idóneos "para inocular valores a los más pequeños", señala el psicólogo Bettelheim. "Muchos tienen un marcado carácter moral e incluyen moraleja final. En ocasiones se castiga a los personajes que actuaron mal y se premia a los que se portaron bien", detalles fundamentales para una buena enseñanza a través de los cuentos, matiza el profesor Martínez-Otero.

El psicólogo austriaco detalla cómo los pequeños asumen el relato. "El niño tiene una necesidad de magia. Los cuentos dejan que imagine cómo puede aplicar a sí mismo lo que la historia le revela sobre la vida y la naturaleza humana". A través de símbolos o personajes, el menor aplica las enseñanzas a su vida diaria, por ejemplo la casa de chocolate simboliza la satisfacción de deseo, la pubertad en la imagen de 'Caperucita Roja' o la rivalidad entre hermanos en 'La Cenicienta'.

Martínez-Otero y Bettelheim coinciden en lo fundamental que resulta para el desarrollo del niño los cuentos de hadas. "Cada vez hay más conciencia de la importante función educativa que cumplen los cuentos. Es importante que acrediten calidad desde el punto de vista lingüístico, afectivo, emocional y moral", detalla el profesor de la UCM.

Miedo a la fantasía

Bettelheim destaca que algunas personas propugnan que los cuentos no proporcionan imágenes reales de la vida tal como es y que, por lo tanto, son perjudiciales. No piensan que la verdad de la vida de los niños puede ser distinta de la de los adultos. No son conscientes de que los cuentos no intentan describir el mundo externo y la realidad, ni reconocen que ningún niño normal cree que estos relatos describen el mundo de manera realista. "Algunos padres temen mentir a sus hijos cuando les relatan los acontecimientos fantásticos que sacan de los cuentos de hadas", asegura Bettelheim, pero es importante tener en cuenta que los cuentos dejan que los niños imaginen ese mundo de una manera concreta y lo adapten a su forma de pensar según la edad. "La verdad de los cuentos de hadas es la verdad de nuestra imaginación, no de la causalidad normal", remarca.

Lo fundamental que hay que tener en cuenta a la hora de elegir o contar un cuento, es que se adapte a la edad del niño y que le transmita un mensaje que le pueda ser útil en su desarrollo. Además, el psicólogo austriaco remarca que es preferible contar un cuento antes que leerlo. "Sí así se hace, el lector debe vincularse emocionalmente, tanto con la historia como con el niño, sintonizando empáticamente con lo que la historia puede significar para el pequeño. Explicar cuentos es mejor que leerlos porque permite una mayor flexibilidad".