miércoles 1/12/21
En el Día Mundial contra la ELA, el Consejo de Colegios de Fisioterapeutas de España recuerda que la Fisioterapia mejora la calidad de vida de los pacientes y acompaña a los cuidadores y familiares en cada una de las fases de la enfermedad
/COMUNICAE/

En el Día Mundial contra la ELA, el Consejo de Colegios de Fisioterapeutas de España recuerda que la Fisioterapia mejora la calidad de vida de los pacientes y acompaña a los cuidadores y familiares en cada una de las fases de la enfermedad


La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, que afecta a las neuronas motoras y provoca debilidad muscular, llegando a producir parálisis, además de problemas para hablar, deglutir y respirar.

La prevalencia es de 2 a 5 casos por cada 100.000 habitantes y suele manifestarse a partir de los 40 años, siendo más habitual en hombres que en mujeres. Los primeros síntomas tienen que ver con la debilidad muscular y la pérdida de destreza y fuerza, hipotonía y calambres. Sus causas son desconocidas, por lo que no es posible realizar acciones de prevención y el tratamiento sirve para paliar los síntomas, aunque no tiene un efecto curativo en la evolución de la enfermedad.

En el Día Mundial contra la ELA, el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España (CGCFE) recuerda que el principal objetivo de los profesionales de la Fisioterapia, en relación con los pacientes que sufren esta enfermedad, es mejorar su calidad de vida, prolongar su capacidad funcional y fomentar su independencia. Según la situación del paciente y la fase en la que se encuentre, los objetivos concretos varían y el tratamiento se adapta a su situación clínica y a su tolerancia frente a los ejercicios.

La enfermedad se desarrolla en varias fases, en las que el paciente va perdiendo, paulatinamente, su independencia, por lo que el tratamiento se personaliza tras evaluar al paciente, adaptándose a su situación.

En la primera fase el objetivo es potenciar la musculatura, el balance articular y evitar la fatiga, evitando la atrofia y manteniendo la máxima independencia funcional y la función respiratoria. En la segunda fase, aunque el paciente puede deambular en trayectos cortos, aparecen retracciones articulares y los cuidadores deben implicarse para comprender las técnicas con las que pueden contribuir a mejorar su calidad de vida. En la tercera fase, el paciente es totalmente dependiente, por lo que el tratamiento se basa en movilizaciones pasivas y fisioterapia respiratoria.

La combinación de ejercicios activos y pasivos es fundamental para poder tratar la situación del paciente en cada momento de la enfermedad, para corregir problemas posturales, controlar el dolor, disminuir la rigidez de los músculos, mantener, en la medida de lo posible, la amplitud de movimiento de las articulaciones, aumentar la fuerza y fomentar la independencia el mayor tiempo posible.

Fuente Comunicae

Comentarios