sábado 19/6/21
Carta del Presidente

La urgencia de sanar una democracia herida

carta del presidente

"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres” (II, 58).

Las cruciales elecciones para la Comunidad de Madrid este 4M, que se han planteado no sin falta de razón en clave claramente nacional, son un campo de batalla en el que se juega bastante más que la libertad o su merma y declive. Y ello, porque una campaña tormentosa, atropellada, extrema en muchos de sus foros y momentos deja una democracia magullada: no con fracturas o fisuras irreversibles pero sí con heridas que están causando ya un terrible dolor.

Una de ellas es la propiciada por la ausencia de un mínimo común denominador para afrontar debates. No podemos descubrir tras cuarenta años de covivencia, que la confrontación de ideas públicamente manifestadas es uno de los fundamentos de las sociedades abiertas, y que la libertad de expresión puede y debe usarse en todo su calibre y ser elevada a su total fórmula precisamente cuando los ciudadanos van a renovar o revocar la confianza en los representantes que eligen.

La cantidad y la calidad de la información que recibe el votante, también la propaganda en otro plano, provoca precisamente que éste pueda ejercer su derecho al sufragio de una forma especialmente razonada, libre y voluntaria, más allá de las emociones y los prejuicios, incluso tras una mínima reflexión. Pero cuando el debate es cortocircuitado, sepultado, esta dinámica se hace trizas.  

Este 4M, los madrileños han de empezar a curar las heridas legadas por semanas en las que los adoquines han volado sobre las cabezas de algunos candidatos y han alcanzado a militantes y simpatizantes; y en las que las balas han sido protagonistas en un clima propiciado por la relevancia que se ha otorgado a descerebrados, tarados y violentos que han escalado a la parte alta de la agenda de los partidos para secuestrar los verdaderos intereses de los ciudadanos, dejando a ras de suelo las auténticas prioridades colectivas.

Toda democracia es imperfecta, qué duda cabe. Pero termina por corromperse y degradarse si, una vez enferma, no toma la necesaria medicina para recuperar su credibilidad, su estabilidad, sus alas y su garra. En esa hora estamos. Aún a tiempo. 

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