sábado 31/10/20
CARTA DEL PRESIDENTE

Contra los privilegios políticos en tiempos de calamidad

carta del presidente

Resuenan ecos casi prehistóricos cuando se pretende traer al presente esa España de los balcones y las ventanas que se asomaba a aplaudir a los sanitarios en pleno empuje de la primera ola pandémica, con los muertos multiplicándose de mil en mil y las UCI’s atestadas y desbordadas, en demasiados hospitales con demasiadas escenas de sufrimiento e impotencia.

Ese país apelaba a la solidaridad, a la unión, a conceptos a los que, en tiempos difíciles, colectivamente, es casi imposible escapar. Y además no se debe. Eran nuestros políticos, retratados en su manifiesta incapacidad para gestionar con solvencia una crisis que les vino grande, los primeros en hacer llamamientos a la idea de ‘salir juntos’, sin dejar a nadie atrás, tirado en el camino. Era un sentimiento, una apelación que propalaban entre metáforas bélicas y otros ejercicios de propaganda en no pocas ocasiones forzada y artificial. Pero, ante una sociedad asustada y, en gran medida, infantilizada, esa gimnasia retórica funcionaba.

La pregunta es: ¿cómo, en primera persona, ha reaccionado nuestra clase política a la crisis económica descomunal que ha sucedido, deprisa y corriendo, a la aún viva crisis sanitaria? Bares y restaurantes han cerrado, el pequeño comercio ha visto cómo su caja menguaba estrepitosamente, los ERTE’s se han multiplicado sin fin -y ahí siguen, en forma de secuela-, las familias han sentido cómo sus ahorros quedaban escuchimizados, las empresas -ahogadas en tasas e impuestos- han sido ineluctablemente forzadas a echar la persiana… las lesiones han sido casi interminables.

¿Y? ¿Dónde quedan ahora las manifestaciones y los hechos de solidaridad y de unión, de sensibilidad, de nuestros representantes públicos? En un país que se autoinflige recortes porque no hay de dónde sacar, ¿dónde están los que se están haciendo los políticos a sí mismos? En sueldos, en complementos, en burocracia y administración que entre todos pagamos, en esa estructura personal y material que en tantos casos opera al margen de los criterios de eficacia y eficiencia…

Los números de la Seguridad Social empiezan a ser dramáticos; el nivel de endeudamiento del Estado, estremecedor; el paraguas del antiguo INEM, completamente agujereado, no está funcionando para vergüenza y castigo de los desempleados…

Dado el desolador panorama, éste sí, al que está contribuyendo la insolvencia de unos dirigentes con voluntad pero sin un plan efectivo para ayudar, ¿quién, con visión y valores, liderará el debate sobre la limitación o anulación de privilegios de nuestros representantes en tiempos de calamidad? ¿dónde está ese valiente que le ponga el cascabel al gato?  

Comentarios