jueves 3/12/20
CARTA DEL PRESIDENTE

Madrid, de nuevo, capital de la resistencia

Parece mentira, pero la realidad hoy es que, en Madrid, no hay presión en los servicios de urgencias, han disminuido las llamadas al Summa 112, lo propio ha hecho -más importante, qué duda cabe- el número de pacientes ingresados en planta y en UCI. No existe, en consecuencia, el menor problema con las camas de hospitalización ocupadas. Y, sin embargo, como consecuencia pura y dura de una lamentable refriega política, se ha trasladado la sensación desde el gobierno central de que la capital de España y algunas de las ciudades más pobladas de la región están fuera de control, o casi. ¡Qué desmesura!

Es un retrato desgraciado, que por supuesto no se ha hecho a pesar de la tendencia francamente preocupante de los datos en Navarra o Cataluña, y que casi alcanza la caricatura sombría; sobre todo porque se ha proyectado una imagen de los madrileños absolutamente injusta.

España ha encontrado felizmente en su capital, siempre, bajo toda circunstancia y en toda situación, un espacio de acogida. Nunca aquí se le ha preguntado (algo mucho más frecuente en otros países y culturas), de dónde procedía o para qué había llegado tal o cual persona, fuese estudiante o ya profesional, o simplemente estuviese de paso por un tiempo. Aragoneses, extremeños, andaluces, gallegos, valencianos, canarios… todos han encontrado en Madrid, a su manera, el lugar para cumplir lo que, en términos metafóricos, sería el ‘sueño americano’. Y lo han logrado y lo logran sin cesar. El éxito.

Es por eso que resulta enteramente deplorable que, hace apenas unas horas, se haya pintado a los madrileños como una banda de irresponsables, que se disponía a salir en número millonario y a lo loco, que en más del 90% se encontraban infectados y poco menos que dispuestos, al volante y con su frenética llegada a destino, a sembrar el pánico en media España expandiendo irremediablemente el covid-19: un relato auténticamente estrambótico, hiperbólico… pero sobre todo radicalmente falso, y hasta irrespetuoso.

Al gobierno de Ayuso se le debe dejar trabajar. Más si cabe cuando su superior, el poder ejecutivo de la nación, no ha demostrado hasta hoy (ojalá la situación pronto cambie y se note) la capacitación y el liderazgo para tirar del carro en la maratón -no estamos, es evidente ante un sprint de corto recorrido- para ganarle al virus en su aún altísimo ritmo de propagación.

No hace falta remontarse siglos atrás. El pueblo de Madrid ha demostrado con creces, históricamente, una altísima fortaleza y una formidable resistencia frente a la adversidad. Lo hizo hace menos de veinte años cuando padeció el mazazo terrorista más terrible jamás recordado en todo el continente europeo, al saltar por los aires los trenes en Atocha dejando dos centenares de muertos y miles de heridos.

Hoy afronta una nueva prueba. Pero ahora no se mide sólo a su altura verdadera, a los hechos constatados, a su imagen desnuda frente al espejo. Ahora, ese pueblo noble otea enfrente a una legión que, mediante la difusión de bulos de parvulario, practicando la insolidaridad más cochambrosa y ejercitándose en la penosa gimnasia del sectarismo -tan propia de perdedores- pretende demonizarlo falseando la realidad que estamos viviendo y sufriendo pero a la que, rotundamente y sin paliativos, venceremos.

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