domingo 13/6/21

Las FFP2 y el ‘síndrome del retardo crónico’

Hay personas que son impuntuales por naturaleza, en una actitud que está mal vista a nivel social en otros países más que en el nuestro. Hay sociedades en las que, por añadidura, quien no respeta el reloj es considerado alguien poco fiable, con pocas capacidades para adoptar responsabilidades… queda descartado. Ese ‘síndrome del retardo crónico’ se asocia, justa o injustamente, con la falta de respuesta

Alfonso Merlos
Alfonso Merlos

España ha sido, con diferencia, y de acuerdo con distintas clasificaciones ya elaboradas y publicadas, una de las naciones que en el mundo entero ha contado con políticos más incompetentes para gestionar la crisis del Covid-19. No sólo se ha llegado tarde sino mal. Por numerosas causas, algunas asociadas a la configuración de un Estado autonómico siempre muy eficaz para estrangular fiscalmente al contribuyente pero tremendamente débil e inoperante, enclenque a la hora de la verdad, momento en el que se revela como un auténtico y penoso sparring al que todos sufrimos en su absoluta falta de punch.

Y aún así, cuando sumamos muertos de 500 en 500, lo peor no es eso sino que, a un año vista del inicio de este incontenible drama, el gobierno de España no aprende, ni siquiera copiando al vecino. El caso de la necesidad de imponer mascarillas FFP2 resulta especialmente sangrante y desquiciante.

Cuando en Europa hay una auténtica ola para incrementar la eficacia de las medidas de protección en pleno proceso de vacunación, Moncloa sigue vacilando, atemperando, congelando una decisión que, probablemente, cuanto más tarde se implemente, más incrementará el riesgo de infectados y muertos día a día.

Escarmentados deberíamos estar tras haber pasado, mes tras mes, improvisando mascarillas de tela o caseras y empleando remedios inútiles para frenar la transmisión.  Escarmentados, porque España dispone de una industria potente y de garantías, en parte asentada en el sector farmacéutico, que opera a nivel multinacional y es capaz de proveer de esas FFP2 a la población, aminorando así la voracidad del virus en sus letales efectos. 

Es incomprensible no sólo que existan algunas administraciones, en los distintos ámbitos -estatal, autonómico, regional, local-, que sigan importando mercancía china de dudosa fiabilidad o directamente averiada, sino que desde el propio gobierno central no se haya impulsado una normativa, en plena vorágine de limitaciones a la movilidad y restricciones varias, para -cual es su obligación- velar por la salud pública.

La pandemia evoluciona, aumenta su agresividad, lanza dentelladas sin freno en forma de distintas cepas, multiplica sus brotes… y aún así, quienes padecen institucionalmente el ‘síndrome del retardo crónico’ permanecen sorprendente e injustificadamente inmóviles ante la necesidad imperiosa de cubrir nuestra vulnerabilidad, al menos, en bares y restaurantes, en supermercados o en el transporte público. Nunca es tarde para facilitar el acceso a los mejores EPI’s.

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