sábado 28/11/20
CARTA DEL PRESIDENTE

Ayuso se eleva en medio de un injustificado acoso

Hace ya una década que los ciudadanos en España están escaldados, en líneas generales, y desengañados, dada la mediocridad de una clase política que, salvo contadas excepciones, se enfrasca en pequeñas guerras de partido o en la defensa de intereses secundarios o irrelevantes -cuando no espurios-, orillando el verdadero objetivo que no debería ser otro que el avance y la promoción del bien común. Es el ideal desde el nacimiento de las democracias modernas a nuestros días.

Y en esas estamos: suframos como colectivo crisis económicas, sanitarias, o de la índole que fuere, porque tras todas ellas late la fundamental: la crisis de valores y el desmoronamiento de la ética pública, un verdadero drama para Occidente y, muy en concreto, en dimensiones alarmantes, para España.

Pero, aún así, en la sociedad que se consume y malgasta su tiempo atendiendo el ruido de las redes sociales, sin concentración, desperdiciando su energía, sin capacidad para separar la morralla de lo verdaderamente valioso, esos mismos ciudadanos han adquirido un cierto olfato para discernir las maniobras de propaganda política y las estrategias sustentadas en la mentira de aquellas otras que son reales y buenas, y que piensan realmente en lo que conviene a los gobernados.

Cuando la única y exclusiva meta del gobierno de España debería ser la protección de la salud de todos, en Madrid se está buscando algo más: una confrontación absolutamente improcedente, el manejo de una serie de tácticas que cabalgan entre la provocación y la obsesión con el desgaste que tienen como destinatario al gobierno regional y, más en concreto, la figura de su presidenta.

Pero hete aquí que Isabel Díaz Ayuso no sólo está resistiendo los embates descoordinados y arbitrarios que se suceden día tras día, está ganando. Eso apuntan los últimos sondeos, que la darían como clara vencedora si hoy se celebrasen elecciones, por delante del PSOE y dejando en un tercer plano, en empate técnico a Ciudadanos, Podemos y VOX.

Especialmente en política, el ejercicio de mezclar churras con merinas puede resultar chusco, cuando no un auténtico fiasco. Es lo que le está ocurriendo a quienes intentan perpetrar -en ejercicios ora francos, ora sibilinos de manipulación- una moción de censura contra Ayuso fuera de la Asamblea Regional.

Con frecuencia, los adalides de la cooperación, de la colaboración, del consenso, son los que con más asiduidad se entregan a maniobras agresivas y, directamente intransigentes contra el adversario. Y, por desgracia, no las escatiman ni siquiera cuando lo importante y lo urgente, hoy, es respetar y apoyar a una presidenta que no sólo está trabajando para evitar el desastre sanitario sino, por añadidura, la ruina económica de la capital del reino. Hemos de vivir esas semanas atados a la prudencia, pero ni ahora ni nunca prisioneros del miedo.

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