martes 1/12/20

El ‘made in Spain’, antídoto frente a las mascarillas falsas

La evolución de la lucha contra la pandemia ha producido que las mascarillas FFP2 homologadas, con una eficacia de filtrado del 95%, aunque recomendadas al inicio a profesionales de la medicina y personas con pacientes de riesgo a su cargo, se hayan generalizado, siendo su uso tan común como el de las quirúrgicas e higiénicas, a pesar de su mayor coste. Sin embargo, mes a mes se ha observado un aumento en la venta de falsos ejemplares de estos equipos, en los que la protección cae de manera dramática.

La FFP2 está actualmente regida por el Reglamento de la UE 2016/425 y por la norma EN149:2001+A1:2009; además, hay que acreditar el análisis realizado por un organismo notificado de la Unión Europea, y hay que reflejar en ella de manera evidente el modelo de la mascarilla, especialmente su carácter reutilizable o no, con las letras R o NR. Igualmente hay que especificar el nombre de la empresa productora, y los cuatro números del organismo supervisor notificado junto a las iniciales CE.

En España siguen vendiéndose mascarillas filtrantes como productos de alta protección cuando en realidad están incumpliendo la normativa. Es por eso que el Sistema de Alerta Rápida de la Unión Europea pone en guardia de la presencia en el mercado de mascarillas que no están cumpliendo la normativa, que en su mayoría son tipo FFP2 o equivalente.

Antes de la embestida de la segunda oleada, ya se habían denunciado autofiltrantes, en su mayoría fabricadas en China, algunas de las cuales apenas alcanzaban un 50% de capacidad de retención de partículas cuando deberían rebasar el 90%. Eso, con el agravante de que en otros casos no se adaptan debidamente a la cara, como ocurrió con el fabricante Mei Shu Hu, Yubei, Yicheng Yi Liao, Teyouda o Protekcia. En algunos casos, incluso la mascarilla lleva el marcado CE pero no indica la certificación correspondiente, por lo que puede que no cumpla los requisitos de seguridad que anuncia. En definitiva, productos ilegales e inseguros.

Para neutralizar estos riesgos están emergiendo distintas compañías de producción ‘made in Spain’. Si al inicio de la crisis Corporación Mondragón recurrió a su división industrial dada la deslocalización de la fabricación de productos sanitarios en España, hoy, en esta segunda oleada, cobran impulso firmas como el Grupo Farmaquivir, proveedor especialista en productos farmaceúticos y sanitarios; no sólo de mano de obra y materia prima nacional, radicada en este caso en Sevilla, sino con todas las homologaciones y certificaciones de buenas prácticas de distribución farmaceútica, signo de garantía y seguridad para la fabricación millonaria tanto de mascarillas quirúrgicas como FFP2, con protección especial de fibra de carbono y que están llenando y llenando cuota de mercado.

 

 

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