martes 24/11/20

La luz tras el espejo: comprensión y tratamiento de las inhibiciones psicológicas

Las inhibiciones constituyen un pesado lastre para el individuo. Proyectados ante las diferencias autoimpuestas frente al resto, o tomando como origen capítulos convulsos de nuestra vida, su tratamiento se rige bajo un solo objetivo: la liberación personal. Meta que es preciso alcanzar de la mano de un buen trabajo psicológico y, más aún, una envidiable voluntad de sanación

Librarse de los lastres

Quizás con demasiada frecuencia, aunque no siempre sea fácil aceptarlo, son nuestros propios límites el lastre que nos condena a permanecer en un punto muerto. Sobre nuestras cabezas pesa un sinfín de procesos que todavía estamos gestionando y que, de no tratarse debidamente, pueden provocar un cortocircuito en nuestro estímulo. Tomando como origen tanto un trauma como la balanza de la moral, estos límites pueden suponer un verdadero problema que afecte a todo tipo de actividades que “cualquiera” podría desarrollar con total desenvoltura. Y, por ello, es de vital importancia abordarlos y librarse de la carga.

Tratándose de una cuestión mental, una de las vías para comprender y superar las propias inhibiciones pasa por una visita al psicólogo compaginada con cuanta información veraz pueda consumirse al respecto. En esa línea, la página web Consulta Baekeland ofrece mucha información sobre las dificultades emocionales y el psicoanálisis increíblemente útil para dicho fin. Además, contando con el psicólogo-psicoanalista Charles Baekeland, un psicólogo madrid cuya amplia experiencia ayudando a todo tipo de pacientes resulta, sin duda alguna, toda una declaración de intenciones: aprender, luchar y superarse.

El yugo de la inhibición

Las inhibiciones psicológicas, a grandes rasgos, son un impedimento que surge ante la libreexpresión de un deseo o de una capacidad natural. Pudiendo manifestarse tanto en la vida sexual del individuo, como incluso en sus habilidades sociales e incluso en los viajes introspectivos, se trata de un factor que nos doblega e incapacita ante la realización de actividades que requieren de total libertad. Es, justamente, esa sensación que arremete contra los individuos a menudo introspectivos que, pese a querer formar parte de un evento colectivo, se ven confinados en un rincón del espacio que ocupan en clandestina soledad.

Dichas inhibiciones a menudo tienen que ver con nuestra proyección sobre el lienzo del resto. Es decir, una introspección comparativa que, por un motivo u otro y atacando aquí a la autoestima, nos subyuga bajo una supuesta inferioridad o discriminación que debe tratarse como es debido. Aunque, en otro ejemplo, bien podría tratarse de una privación de las reacciones naturales ante situaciones violentas e incluso injustas. En definitiva, un muro que crece a medio paso cuando pretendemos avanzar hacia un propósito. Y a riesgo de caer en un destructivo círculo vicioso e inconcluso, toma parte en el juego de la recuperación un buen tratamiento psicológico.

Aprendiendo de los propios límites

Como todo tratamiento de cariz psicológico, abordar las inhibiciones de un individuo exige una exploración del trasfondo que cohabita con cada caso. No se trata de reacciones al azar, sino que deben su desarrollo a ciertos factores, circunstancias y momentos que, además, guardan un capítulo en el tiempo del paciente. El tratamiento, por lo tanto, consiste en un recorrido por el espectro inhibidor del individuo a fin de dar con los puntos clave, exponerlos y trabajar su atenuación y redefinición. Un proceso que, como bien remarca Baekeland, tiene como objetivo nada más y nada menos que la liberación interna.

Una libertad que no haga muro, sino bandera de la complejidad para aceptarse a uno mismo y, a su vez, constatar que no existe una lupa eterna examinando cada átomo de nuestra identidad ahí afuera. Pasar de la cadena, al disfrute y del yugo a las alas de la mano de un psicólogo-psicoanalista capaz de acompañar a su paciente en uno de los viajes introspectivos más intensos. Un camino que consiste en comprender, al fin, que el molde social, personal y estético es una imposición dogmática que no merece fieles, sino agentes subversivos que alcancen la realización personal y pueden acceder a un gozo antaño reprimido. Disfrutar de cómo se es.

Retomando nuestro universo íntimo

Aunque cada tratamiento pueda variar respecto al tipo de inhibición a la que está sujeto un individuo, su sólido objetivo es imperturbablemente inmutable. Sin embargo, las inhibiciones obedecen generalmente a dos tipologías. Por una parte, la inhibición proactiva, donde el paciente se establece en un punto muerto en cierto momento de su recorrido vital impidiendo la absorción de más elementos. Y, por otro lado, la inhibición retroactiva, cuando la información reciente substituye la anterior. Dicho de otro modo, cuando existe un factor que altera o bloquea nuestra conducta “corriente” ante determinadas circunstanciasque requieren de una reacción distinta.

Asimismo, y como se ha mencionado, son los ideales que forja el individuo a causa de la presión externa lo que altera dicha conducta. La obcecación en alcanzar una fría perfección, deshumanizada y deshonesta, es lo que empuja al paciente a decepcionarse por cuestiones que nada tienen que ver con la honestidad hacia uno mismo. Un dilema dolorosoque genera una traición para con la identidad y su consecuente disolución a medida que se trata de imitar o plagiar el ideal. He de ahí la importancia de los tratamientos con profesionales como la Consulta Baekeland cuyo trayecto, más que un mero camino, es la recuperación de nuestro íntimo universo.

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