jueves 22/10/20
Editorial

Vuelve el agit-prop… ahora contra Ayuso

ayuso

Los españoles repetimos la historia una y otra vez. También en las desgracias, o principalmente. Hemos visto cómo nuestro país, incluso tras ser sacudido por mazazos terroristas como el del 11M, no ha sabido estar unido y compacto, sino que una minoría radical ha antepuesto sus ideas -equivocadas o no- llevándolas al campo de batalla contra el adversario político y dejando a un lado, incluso en situaciones de emergencia, la defensa del bien común y el interés general. ¡Qué pena!

Es lo que estamos empezando a padecer, en el caso concreto de la Comunidad de Madrid, con motivo de la gestión de la crisis del covid19 encaminada, como no puede ser de otra forma, a mitigar los efectos de una segunda oleada de muertes, esto después de haberlas contado y llorado por decenas de miles. ¡Inaudito!

El gobierno de España -lejos de lo que predica- poco o nada está ayudando en un momento en el que, lejos de ejercer el liderazgo, se ha puesto de perfil y ha colocado la pelota en el tejado de cada una de las Comunidades Autónomas para que vayan, por su cuenta y riesgo, lidiando con los infectados y los fallecidos, con los colegios y con las UCIS, con los parques y con las distancias de seguridad. Ayuso, definitivamente, se ha convertido en blanco del PSOE y Podemos, obstinados en desgastarla partidistamente y crear el caldo de cultivo para una moción de censura que la retrate y, a ser posible, la derribe. ¿Acaso puede haber un tiempo más inoportuno para el despliegue del sectarismo y la exhibición de una brutal confusión de prioridades?

Las medidas extraordinarias de confinamiento en distritos especialmente poblados, con una fuerte presencia de inmigrantes y de un nivel socioeconómico medio o bajo ha disparado a los apologetas del marxismo a hacer una interpretación de lo que es una decisión técnica y científica (termine funcionando o no) en clave de lucha de clases. Un disparate absoluto que, de no ser por el enorme sufrimiento que está dejando en España la pandemia, resultaría un relato simplemente ridículo.

Sería ciertamente recomendable que ahora que, más que nunca, se necesita un diagnóstico común por parte de nuestras elites y un esfuerzo conjunto para despejar el fantasma ya presente del rebrote, se resucitaran viejos métodos de agitación y propaganda para contaminar a la opinión pública en busca de réditos espurios e inconfesables. Nos estamos jugando mucho. No es la mejor ocasión para darles oxígeno a los intoxicadores, siempre dispuestos a saltar al ruedo, aun ejerciendo de tristes maletillas.

Comentarios