viernes 14/5/21

¡Viva la okupación!... pero de casas ajenas

Okupas

Es muy vieja y hay mucha sabiduría popular en la expresión tomar de tu propia medicina. Un aserto casi tan antiguo como otro: la demagogia tiene las patas muy cortas. Vienen al pelo ambos porque después de que haya trascendido en recientes fechas que la ex alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha denunciado públicamente “el desastre” (sic) que han producido unos okupas en un chalet de su vecindario, donde ha causado “cantidad de problemas” a los propietarios.

            Resulta auténticamente sarcástico que después de haberse declarado, durante su mandato de gobierno municipal y antes, enemiga acérrima de los desahucios, ahora ponga el grito en el cielo ante un fenómeno que, en efecto, ha producido unos estragos terroríficos durante los últimos años: problemas de inseguridad, de inseguridad y otros que han tenido como víctimas a ciudadanos inocentes que, simplemente, han defendido su derecho a la propiedad privada, constitucionalmente reconocido.

            Es casi increíble que no una dirigente política sino ya una jueza con una experiencia dilatadísima en el mundo del Derecho haya caído hoy en la cuenta que hay personas, vinculadas como ella misma ha subrayado “a actividades ilegales de robos, hurtos y otras cosillas” que se entreguen, con sus atropellos y asaltos de pisos y chalés, a hacerle la vida imposible no a quienes son titulares de esos activos sino, a veces incluso con mayor fuerza, a esos vecinos con los que ahora se solidariza Carmena… ¡porque son los suyos!

            El populismo no suele terminar bien: todo lo contrario. Y, en medio de la crisis social que alcanza de lleno hoy a las clases medias, sería especialmente necesario que se terminase con cierto discurso antisistema y de impostado aire guay de acuerdo con el cual la okupación evoca un desarrollo cultural de quienes la practican que ha de ser respetado. El planteamiento, en sí mismo, no puede sino calificarse de aberrante. Como aberrante es que durante los últimos años, desde el poder, se le haya dado a las sin reparar en los cuantiosos desperfectos, de toda índole, que generaba y genera.

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