sábado 23/1/21
EDITORIAL

Vacunas covid19: las prisas y la euforia, malas consejeras

Sólo faltaba que la salud fuese objeto de politización… y lo deprimente es que lo está siendo, en gran medida, desde el inicio de la pandemia. Hace apenas unos días el prestigioso cirujano Pedro Cavadas lanzaba un jarro de agua fría ante los anuncios y previsiones del bigobierno Sánchez-Iglesias acerca de los tiempos y el éxito en la vacunación contra el coronavirus.

Es vital, más que nunca, que la propaganda se arroje a las cunetas y se imponga el criterio estrictamente científico, en un momento en el que nos jugamos como país la recuperación en todos los ámbitos, empezando por el sanitario y el económico. No parece creíble, simplemente apelando al sentido común, la idea de que más de medio país se haya pinchado antes del verano para evitar ser víctima del Covid19, y que el procedimiento sea eficaz.

No es un virólogo pero sí un reputadísimo hombre, a nivel mundial, en el campo de la sanidad. De ahí que sus palabras (“si queremos algo seguro, pasará mucho tiempo; si queremos algo rápido, habrá que aceptar que van a aparecer síntomas adversos”) no puedan caer de ninguna de las formas en saco roto.

En Moncloa y en el Congreso de los Diputados no hay más prisa que en el conjunto de España para que haya, por fin, una cura a esta enfermedad. Entre otras razones, porque sin cura no se recuperará el tejido productivo, y esto en un contexto en el que los políticos son una minoría de la población que está conservando su sueldo mientras la mayoría de la sociedad se empobrece o, sin paños calientes, se arruina.

No hay dirigente al que le fascine la idea de dar malas noticias. Pero aun así, el presidente del gobierno debería soportar su discurso en el criterio de sus expertos y asesores en la materia (si es que ahora los hay) para contar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Y esto incluye, desde luego, los riesgos, los contratiempos y hasta las adversidades, como advierte Cavadas, que pueden sobrevenir con la vacunación masiva. Están en juego nuestras vidas: las frivolidades improcedentes y los triunfalismos extemporáneos pueden ser los peores consejeros.

 

Comentarios