lunes 10/5/21

Estrella Digital

EDITORIAL

TVE en sus horas más bajas: ni servicio ni público

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Mucho han cambiado los tiempos desde que la primera y la segunda cadena de televisión, por supuesto públicas, se alumbrasen en lo que significó la magia de la tecnología y un formidable avance para hacer mejor a una sociedad, especialmente a una sociedad democrática como la nuestra en pleno proceso de consolidación (¿se ha culminado ya, por cierto?).

            El derecho a la información, veraz e independiente, es y nunca dejará de ser esencial, una verdadera piedra angular en todo Estado de Derecho que se precie, y así queda recogido en el artículo 20 de nuestra Constitución. Precisamente por eso, ante la ausencia del audiovisual privado, tenía todo el sentido que con los presupuestos generales, y con un contenido muy necesario, se viniese a cubrir un espacio para la información y el análisis de la actualidad, como mínimo; aunque también para el ocio y el entretenimiento de modo complementario. Hay concursos, en blanco y negro, que son simplemente inolvidables.

            Hoy, en cambio, cuando el gran desafío de los sistemas abiertos y los regímenes de opinión no es la escasez de información sino la sobreinformación, cabe preguntarse por qué a un ciudadano, sin preguntarle, se le obliga a costear con el dinero de su bolsillo esa o esas cadenas de titularidad y, por ende, de financiación estatal. En particular, y en la actual hora, cuando TVE ha vuelto a tocar fondo registrando los peores datos de audiencia de su historia. Suma y sigue o, en este caso, resta y sigue.

            Es casi una paradoja que, incluso cuando el consumo aumenta en los hogares debido a la pandemia, en el caso de TVE se estanque o se desmorone, no suscitando interés alguno. ¿Dónde queda su función de servicio? ¿Dónde está su público?

            No se trata de ninguna novedad, legislatura tras legislatura, que El Pirulí y lo que allí se cocina (nunca mejor dicho) esté en el foco de la crítica por la manipulación o la propaganda o el sesgo, en todo caso partidista y gubernamental, que pueden tener o tienen los telediarios. Pero sin ninguna aportación adicional, por supuesto no en términos de calidad o de excelencia, que mejore lo que pueden ofrecer otra serie de plataformas en este momento, probablemente no haya ocasión mas pintada para abrir ese melón: el del pago libre y voluntario (a través de un decodificador) de la señal que ahora a todos nos cubre y todos religiosamente, nos guste o nos disguste, sufragamos.

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