martes 9/3/21

Por una TVE de calidad y libre de dogmas

rtve

La cabra tira al monte y es casi imposible encontrar en la historia de nuestra democracia una etapa política en la que RTVE (especialmente la tele, que es aún la gran caja creadora de corrientes de opinión y su cristalización) haya estado libre de injerencias partidistas, gubernativas… y de manipulación de distinta índole y origen. En definitiva, más bien ha estado emitiendo de espaldas al servicio público (o ejerciéndolo de forma soporífera) y dejando en el arcén el principio de veracidad.

            El tránsito del 20 al 21 nos deja tres patéticos ejemplos de cómo esa manipulación del más variado pelaje siempre puede patetizarse, aun usando elementos de la pandemia y pisando a un país (a través de sus espectadores) que se cae a cachos.

            De un lado, se tiraba de un espacio de entretenimiento y verbena en la marginal segunda cadena para estigmatizar gratuitamente a Vox, un partido que según numerosos sondeos (los más recientes) puede llegar a representar a más españoles que Podemos, hoy todavía en el poder.

            De otra parte, se hacía el vacío a la magnífica interpretación de Nacho Cano en la irreconocible Puerta del Sol, quizá porque al artista y a la iniciativa se los podía identificar peligrosísimamente con la Comunidad de Madrid de la perversa Ayuso, algo intolerable para los guardianes catódicos del interés general.

            Y la guinda de los insultos la consumaba un impertinente florero colocado con la simple intención de tapar la bandera de España, tal vez para que no se asociase temerariamente con un Madrid -capital y región- en manos del Partido Popular, que se ha esforzado en una muy vistosa y atinada decoración rojigualda -también Almeida- en algún puente del Paseo de la Castellana.

            Es una cuestión de respeto que los medios, especialmente los públicos, no traten a los contribuyentes como idiotas. Especialmente cuando esos contribuyentes, les guste o no, se ven obligados a soportar con el sudor de su frente el pago de una TVE carísima cuyas audiencias hace tiempo embarrancaron y que, en demasiadas ocasiones y para más inri, sólo consigue salir del tedio de una programación de encefalograma plano a través del dogma, el insulto o el desaire.

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