miércoles 20/10/21
EDITORIAL

El tenebroso reino de los salarios tercermundistas

Salarios

Hay un elemento fundamental que diferencia la crisis que padecimos hace quince años, la del ladrillo, de la que hoy implacablemente nos castiga. Entonces, los créditos que las familias habían pedido a los bancos fueron imposibles de devolver: no sólo para la casa sino además para los coches, los viajes y un largo etcétera, en muchas y patéticas ocasiones, de caprichos. Por descotado, el apartamentito de la playa, esencial, sobre todo si lo había comprado el vecino de enfrente.

            Hoy, la diferencia estriba en que, a pulmón, las clases medias se están quedando sin oxígeno. Tras el uso del amortiguador de las ayudas y subsidios, tras el recurso  vital de los ERTE’s, esa asistencia artificial se extingue, la marea baja y se ve claramente quiénes han quedado desnudos: demasiados.

            Y no sólo eso, en esta espiral viciosa, nos topamos con que los salarios están sufriendo su caída más dura… ¡en medio siglo! El sector turístico está completamente ahogado, con batacazos superiores al 13% en los sueldos que aún se aguantan en Baleares y Canarias pero, en líneas generales, el poder adquisitivo se ha hundido. Estrepitosamente, Comunidad por Comunidad.

            Se ha acusado sin ningún fundamento de catastrofistas, de alarmistas, de agoreros y cenizos a aquellos que planteaban que, además del riesgo de morir de coronavirus, estaba el riesgo de morir de hambre. Y, con causa más que justificada, ahí estamos, ante la avenida de familias enteras que, dado el adelgazamiento de las nóminas y el desempleo masivo, se encuentran en una colosal guerra por la supervivencia. Por un tiempo indefinido, y con la incertidumbre de un Estado y un gobierno al que es urgente implorar, una vez más, que abandone el gasto superfluo y yermo y el despilfarro en muchas de sus partidas presupuestarias, y se entregue concienzudamente a la verdadera inversión en protección social. No a la impostada. Ni a la marketingniana

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