viernes 14/5/21
EDITORIAL

El sonoro fracaso de Montero en Igualdad

Irene Montero, UP.

Dime de qué presumes y te diré de qué careces. España se ha desplomado 10 posiciones -se dice pronto- en el ranking de países con más bienestar para las mujeres, pasando del puesto quinto al decimoquinto, justo coincidiendo esta caída con la presencia de Sánchez en Moncloa y Montero en el tan discutido y discutible, con tanta razón, Ministerio de Igualdad.

Este descenso se sujeta en parámetros rigurosos, objetivos y científicos que considera la Universidad de Georgetown, y que son internacionalmente reconocidos. Y esto es fundamental.

En efecto, la mayor y mejor protección de los intereses y los derechos de las mujeres, y la carrera por la conquista de una Igualdad real, sin discriminación de ninguna índole, es algo tan noble y necesario que no tiene absolutamente nada que ver con crear un Ministerio para la difusión masiva y hueca de propaganda ramplona, ni con rodearte de un ejército de asesores millonariamente regados, ni con inundar con subvenciones a asociaciones y proyectos que manejan presupuestos fuera de control, ni con establecer guerras absurdas e indoctas por el lenguaje y su género, enfrentándote incluso a la RAE… y, por supuesto, esa carrera necesaria y noble, justa, nada tiene que ver con la propagación de sectarismo huero ni con la pasión infantil, obtusa y unívoca (rayando lo ridículo) por el color morado.

No. La Igualdad real es otra cosa y, precisamente por ello, debe ponerse en manos -la consecución de esa misión- de personas responsables, capacitadas, que no creen artificialmente catastrofismo para disimular sus carencias en la gestión o su incompetencia en la consecución de objetivos perfectamente tasados y ponderables.

En efecto, en nivel medio de los puestos de trabajo de la mujer, en su inclusión financiera, en su representación parlamentaria, en seguridad comunitaria… en todos esos planos, España, como era por otra parte previsible, va mal, va peor que cuando Sánchez y Montero llegaron a las instituciones.

La sociedad internacional ya ha testado que quienes se dan golpes en el pecho de feminismo radical son, con frecuencia, las peores enemigas de las mujeres. En toda Europa ya han tomado nota y esa deplorable moda está en retroceso. En España aún sigue en auge y en el poder. Así nos va.

 

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