martes 25.02.2020

Sobraban los motivos

A Pablo Iglesias y a Teresa Rodríguez les sobraban los motivos para decirse adiós. Podrían haber alargado su relación renqueante, pero la apertura de los congresos para renovar sus direcciones les ha llevado a pactar una ruptura que dejará a Iglesias sin su última corriente crítica, Anticapitalistas

Sobraban los motivos

El Gobierno de coalición con el PSOE y el adelanto de un congreso que ratificará el liderazgo de Iglesias parecen haber precipitado el divorcio político, que, al menos en lo formal, ha sido más amable y cordial que el global de sus seis años de relación y, por supuesto, más civilizado que las innumerables rupturas anteriores del partido.

Alguien podría pensar que Iglesias celebra a lo grande sus aniversarios y que por eso el anuncio se produjo cuando se cumplían tres años del Vistalegre II, en el que se impuso a su ex-número dos, Íñigo Errejón, que ha cumplido junto a los suyos más de un año fuera de Podemos.

Si eso fuera así, quizás había voluntad de mostrar que no todas las despedidas son iguales. Pues si aquel adiós se vivió como una traición, el acuerdo con Rodríguez permite, además de la exquisitez en las formas, que los cargos de Anticapitalistas permanezcan en las instituciones.

Así sucederá con el eurodiputado Miguel Urbán, han indicado desde su entorno y Rodríguez se mantendrá como portavoz de Adelante Andalucía, la coalición de la que forma parte Podemos.

Aunque debe formalizarse en marzo, Iglesias da por hecha la marcha de Anticapitalistas, que lo deja sin atisbo de crítica en un partido donde ya quedan pocos que no sean de los suyos.

En palabras de uno de sus colaboradores del grupo parlamentario, Iglesias está exultante, en un momento dulce como vicepresidente, y no se ha opuesto a una partida que a él -entiende su entorno- no le perjudica.

"Creo que, cuando un grupo de compañeros no está de acuerdo con una línea estratégica fundamental de su partido, no solamente es legítimo sino también lógico emprender otro camino", se despedía Iglesias en referencia a la voluntad de Anticapitalistas de hacer oposición a un Gobierno que considera "socioliberal".

Están por ver los réditos que podría tener "la vuelta a las plazas" del partido de Teresa Rodríguez, Miguel Urbán y José María Fernández, Kichi, el alcalde de Cádiz que alzó la voz cuando Iglesias e Irene Montero se compraron un chalet de 600.000 euros.

Desde Anticapitalistas recuerdan que venían del 15M cuando el 17 de enero de 2014 se presentó en el Teatro del Barrio de Madrid un proyecto que quería ser "palanca de cambio" y "alternativa al PSOE". "Dijeron en las plazas que sí se puede, y nosotros queremos decir hoy que podemos", afirmó entonces Iglesias.

Quizás desde entonces estaba latente la incompatibilidad de caracteres: en octubre de 2014, en la asamblea fundacional de Podemos, Rodríguez disputó el liderazgo a un Iglesias entonces aliado con las tesis transversales de Errejón.

Pero la política da más vueltas que la vida y hubo acercamientos notables, como el que permitió a los afines a Iglesias unirse a Anticapitalistas para ganar la secretaría general de la Comunidad de Madrid a la "errejonista" Rita Maestre a finales de 2016, en lo que fue la antesala de Vistalegre II.

También en aquella segunda asamblea ciudadana los Anticapitalistas disputaron a Iglesias las tesis políticas y la dirección.

Más allá de lo estatal, la relación entre la dirección y la secretaria general de Podemos Andalucía era un tira y afloja constante desde que hace tres años comenzó a pedir autonomía para tener el control financiero, del censo y la elaboración de las listas en la comunidad.

Rodríguez, que a finales de 2018 ganó el pulso a la cúpula estatal en su intento de impulsar otra candidata a las elecciones andaluzas, deja esta vez el camino libre a Iglesias para situar en la dirección andaluza a un afín, ahora que la militancia apoyó su estrategia de pactar con el PSOE, tal y como reconocía ella misma.

Se centrará en impulsar Adelante Andalucía, la confluencia con IU y otras dos formaciones, como coalición andalucista y confederal.

Por su parte, Iglesias se garantiza un congreso sin oposición interna en el que revalidará por otros cuatro años la secretaría general.

"Nunca hay un adiós, hay un hasta luego y estoy convencido de que más tarde o más temprano nos vamos a seguir encontrando con nuestras diferencias, desde el respeto", decía ayer el vicepresidente en el vídeo en el que Rodríguez y él escenificaban su ruptura.

Quiso la casualidad que su despedida se hiciese pública casi a la vez que Joaquín Sabina abandonaba tras caerse el escenario en Madrid. Y, pese a sus palabras, a buen seguro sabe Iglesias que hay adioses que no maquillan hasta luegos, como habría cantado Sabina en "Nos sobran los motivos", de no haberse suspendido el concierto. 

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