viernes 17/9/21
EDITORIAL

El SEPE, en paños menores frente a los piratas

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 A veces, cuando parece que las circunstancias no pueden empeorar, lo hacen; y, con frecuencia, sacudiendo a los más débiles. Ya con la pandemia avanzada, cumpliendo su primer semestre, el SEPE recibió críticas durísimas y enteramente justificadas por el exceso de burocracia, por su parsimonia, por su falta de claridad en las actuaciones… todo, para absoluta desesperación de quienes ya visualizaban, laboralmente, el futuro gris oscuro.

            Pero, por si fuera poco, el ciberataque contra un portal vital para mantener la respiración asistida a los nuevos desempleados ha revelado las incomprensibles carencias en protección y ciberseguridad de una infraestructura crítica para el Estado y, acto seguido, sus demoledores efectos sobre la población más menesterosa.

            Ahora ya sabemos, a ciencia cierta, que el SEPE perdió miles de solicitudes del paro y los ERTE tras ser atacado por los piratas informáticos. El virus que tocó de lleno al organismo dependiente del Ministerio de Trabajo obligó a restaurar una copia de seguridad previa, y ello ha significado que multitud de presolicitudes hayan quedado sin registrar. Al estar centralizado este servicio, las oficinas competentes no pueden conocer el número ni la identidad de las personas presumiblemente afectadas, que sólo podrán saberlo cuando llegue el momento de cobrar… o no.

            En modo alguno puede ser de recibo que cuando más certidumbre y seguridad se necesita para colocar el paraguas de la protección social sobre los parados, más se les pueda fallar. A menudo, el Estado, a través de distintos organismos, ha hecho públicas tales o cuales estrategias o planes de ciberseguridad y contra las amenazas y riesgos (los hay por doquier) en el universo virtual. Ha anunciado esa preparación y disposición de manera hasta pomposa, sobrada, pero a la hora de la verdad… se ha fracasado.

            Más allá de oportunismos o ventajismos de raíz política o partidista, de los que ahora irresponsablemente se podría sacar provecho, lo cierto y verdad es que cada día apremia más contar con dirigentes que inviertan el dinero donde se necesita para hacer un mejor país; por tanto, con dirigentes que no despilfarren el dinero entre los suyos (empezando sus ejércitos de carísimos y perfectamente prescindibles asesores), que sólo conforman y se instituyen en el colesterol malo de una Administración en pésima forma física.

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