sábado 27/2/21
EDITORIAL

#SalvemosalaHostelería: ¿o pretendemos apuntillarla?

hosteleria

Pasan los días y, por momentos, olvidamos la labor callada pero fundamental que llevan a cabo los rastreadores. Proporcionan información esencial para saber dónde y cómo se contagian los enfermos, para estudiar la pandemia y, en última instancia, para tomar decisiones acertando.

            Ya sabemos que la inmensa mayoría de los infectados en Navidad, hasta el 80%, lo ha sido por contagios familiares, dado el incremento casi inevitable de la movilidad en fechas tan señaladas. Pero, aún hoy, y ateniéndonos a los informes del Instituto de Salud Carlos III, es imposible saber a ciencia cierta dónde se originan casi la mitad de los contagios. Es decir, sigue siendo bestial el porcentaje y la cifra de casos en los que no se ha podido trazar y establecer la asociación en un brote y, por consiguiente, tampoco se ha podido especificar el ámbito en el que se activaron.

            Así las cosas, y bebiendo de la ciencia (no debería ser de otra manera), ¿cómo se come la campaña permanente de acoso, persecución, estigmatización y demonización del sector de la hostelería? ¿de qué egregias mentes (no de laboratorio sino de la política) surge la conclusión lapidaria de que bares y restaurantes están haciendo imposible el freno del covid19? ¿cómo es posible que los asertos que ponen sobre el tapete de la opinión pública dirigentes apenas instruidos se eleven y anulen los de la propia comunidad de virólogos? ¿hemos perdido definitivamente el juicio? ¿lo han perdido quienes toman determinaciones sobre bases sin fundamento, caprichosas, colmadas precisamente de prejuicios?

            No sólo la presidenta Díaz Ayuso acierta cuando proclama que no está dispuesta a seguir estrangulando con más limitaciones y restricciones a nuestros hosteleros (decenas de miles ya arruinados por completo); es que demuestra que el camino para salir de este barranco sanitario y esta fosa económica no puede pasar por matar moscas a cañonazos.

            No se ganará el covid19 con las vísceras sino con la inteligencia y, sin duda, también en bares y restaurantes, extremando el celo y llevando a lo más alto las medidas de protección y seguridad. Es lo que se está procurando, descontando -claro está- los casos aislados de cuatro insensatos y descerebrados que hacen a los justos pagar por pecadores.

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