sábado 24/10/20

Presupuestos 2021: ¿hay necesidad de pactar con el diablo?

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España se está jugando más que nunca. En términos de estabilidad política e institucional (con la operación de acoso y derribo a la Monarquía parlamentaria en marcha), y en medio de una crisis sanitaria que está golpeando y devastando a sectores enteros de la economía, empezando por el turismo y la hostelería, pero con una sacudida general a las pymes. Y qué duda cabe de que si la Ley de Presupuestos del Estado es la más importante del año, hoy adquiere una relevancia aún mayor.

A ningún gobierno ni a ningún partido político que lo sustente se le puede negar el derecho, y hasta la obligación, de negociar con cintura, con cesiones, tirando de mano izquierda… pero siempre se espera que ese juego que se prolonga semanas y semanas se practique con el respeto a ciertos límites y con un objetivo fundamental: provocar el avance del bien común y producir en positivo para el interés general de los españoles. Y, en este sentido, el PSOE y el gobierno de Pedro Sánchez están errando.

Antes o después, la mayoría social pagará el hecho de que el presidente esté encauzando el apoyo de Bildu con más favores a los presos de la banda terrorista ETA, con tantos crímenes aún pendientes de juicio en la Audiencia Nacional y tantas víctimas aún sin su justa reparación. Antes o después, España lamentará una reforma del delito de sedición que habría sido impensable sin el ruido y la propaganda y la intoxicación que han propalado las huestes independentistas, tras el golpe que asestaron en Cataluña aquel infausto 1-O que tan barato le ha salido a sus maquinadores.

La estabilidad está en el centro, no en los extremos, y hoy es un valor más necesario que nunca. En unas circunstancias que podrían ser equiparables a las de una emergencia nacional, o calificadas directamente como tales, el gran mérito aún por aparecer (quizá imposible) de Sánchez residiría precisamente en su capacidad para sumar fuerzas con Casado y Arrimadas, en alcanzar aproximaciones desde la diferencia, en remar conjuntamente en medio de la tempestad con PP y Ciudadanos. Lo contrario se acerca más a la irresponsabilidad y a la imprudencia. Y España es hoy un barco, tremendamente tocado por la tormenta al que, en las mejores condiciones, hay que devolver a puerto. ¿Es consciente el presidente?

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