sábado 23/1/21

El PP y VOX: vuelta la burra al trigo

Se multiplican los sondeos, mes tres mes, y si hay una tendencia inamovible es la de la consolidación, vía ascenso, de la intención de voto de VOX. Por eso resulta tan llamativa, y al tiempo incomprensible, la reciente declaración del dirigente del Partido Popular, Javier Maroto, asegurando que mientras el partido de Abascal siga ahí y no se volatilice, Sánchez continuará en La Moncloa.

Detrás de esta solemne acusación hay acumulada una pila de errores: de concepto, de diagnóstico, de estrategia, de comunicación política… en primera instancia, implorar la desaparición de un partido significa menospreciar, cuando no insultar abiertamente, a sus votantes, que en este caso son además millones; en segundo lugar, un pronunciamiento en estos términos puede interpretarse como un signo descarnado de impotencia, en concreto de un Casado incapaz de rebañar votos a Abascal hasta hacerlo menguar y menguar en las proyecciones demoscópicas y los apoyos; en tercer lugar, ¿puede haber algo más antidemocrático que plantear como solución para la gobernación de un país la extinción incondicional de un partido político democrático?

Maroto y otros ‘jerarcas’ del PP en la era pos-Rajoy se han cebado con insistencia y ferocidad con VOX, y no han conseguido sino favorecer su impulso oleada tras oleada: un catastrófico, para Génova, ‘efecto boomerang’.

En una economía de mercado, resulta disparatada la táctica de promocionar un producto propio rezando por la aniquilación de la competencia, y no trabajando duro, en cambio, para ofrecer al cliente algo que sea percibido como claramente mejor. Así ocurre en una sociedad abierta, plural, como la española. Qué penoso y empobrecedor resulta desconfiar de los resultados obtenidos a través de la defensa de las ideas propias, confiándolo todo a la destrucción de las del adversario.

 

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