jueves 15/4/21

Estrella Digital

Podrá sobrevivir España en el nuevo contexto geopolítico

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Corren tiempos de un profundo y disruptivo cambio en la geopolítica global, lo que implica que, para gestionar los acontecimientos, presentes y futuros, no son idóneos gran parte de los paradigmas utilizados hasta ahora. Se está produciendo un ajuste geopolítico como consecuencia de la competición por la hegemonía entre una China con empuje y unos Estados Unidos en declive relativo, imponiéndose el imperativo de la lógica de las relaciones entre Grandes Potencias.

Los rápidos y profundos avances en tecnología digital han transformado el panorama económico, el de seguridad, el tejido social y el ritmo de vida cotidiano. Han aparecido nuevos riesgos para la seguridad personal y nacional, y en el ámbito geopolítico se ha impulsado la aludida competición estratégica entre los Estados Unidos y China. En estas condiciones, el estado sigue considerado como el actor por excelencia en el contexto global.  

Hay que recordar que el fundamento de un estado pujante es aquel constituido por una nación, vínculo basado en una Historia común de dificultades y triunfos, factor que proporciona la necesaria cohesión nacional. Sin personalidad histórica los líderes políticos carecen del instrumento necesario para concebir los intereses nacionales y articular estrategias para conseguirlos.

El factor regulador de la opinión pública lo constituye las redes sociales que conectan en red personas afines, o candidatas a serlo, independientemente de su identidad nacional y, por consiguiente, sirven para debilitar a esta. Con ello se priorizan otras identidades colectivas como raza, género, política o condición sexual, por encima de la de la identidad nacional. Aunque los participantes poseen habilidad en el manejo de las Nuevas Tecnologías, el adormecimiento del sentimiento nacional va produciendo y la ideología se impone, con ella se inoculan los letales elementos de la cultura woke: la “justicia social”, la “identidad política de grupo” y la “transversalidad”.

En este panorama, España va por libre, por una senda a ninguna parte. Es más que probable que la carencia de un proyecto nacional sea la causa de la insensibilidad de la sociedad española a los acontecimientos internacionales que la afectan de forma decisiva, incluso a aquellos que amenazan a su seguridad. Hay que ser conscientes de que la democracia española constituye un reciente experimento histórico, lo que la hace frágil. Sólo llevamos cuarenta y tres años de constitucionalismo, y su ejercicio necesita una firme lealtad constitucional, una actualización constante en la aplicación de los valores democráticos en un ambiente de moderación y compromiso, algo que en la actualidad está ausente.

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