lunes 29/11/21

Son ya doce meses mirando con expectación el día a día de unos gráficos cuya bajada imploramos: infectados, muertos, incidencia por Comunidades Autónomas, porcentaje de ocupación de las UCI’s… El corto plazo es cortísimo: se resume en las 24 horas siguientes, sin más margen para planificar, organizar, trazar una hoja de ruta con una cierta perspectiva y recorrido, con luces largas. Tanto en lo profesional como en lo personal.

Y aun así, la vida no se puede vivir en la esclavitud de las agujas de un reloj. El oxígeno debe correr y, sin asumir más riesgos de los necesarios, las familias tienen derecho a salir, también mental y emocionalmente, adelante.

Semana Santa está a la vuelta de la esquina, y con una tendencia más o menos favorable en la tormenta desatada por el covid-19 y su evolución, la gran pregunta vuelve a ser (tenemos el precedente de las fiestas de Navidad) de qué manera procede regular la movilidad. Son unas fechas muy concretas, sí. No se prolongan como puede hacerlo y lo hará el verano, eso es evidente. Pero las acciones tienen consecuencias y, en la medida de lo posible, procede calibrarlas y valorarlas de antemano para evitar disgustos.

El hecho es que uno de cada cuatro españoles planea viajar para disfrutar de una escapada de vacaciones, y el 80% adelanta que tiene previsto hacerlo en coche privado. Todas las sociedades, pero especialmente las modernas, se debaten para confrontar las amenazas entre el disfrute de la libertad y la seguridad, no sólo en el caso de la pandemia. Y en este momento particular, el equilibrio y el balanceo se plantea entre el pleno ejercicio de esa libertad y la salvaguarda de la salud pública. Nada más y nada menos.

Las vacunaciones están en marcha, pero es sabido que en modo alguno constituyen la panacea. Es imposible la aplicación, en ciertas fechas, del principio de ‘contacto cero’ o contactless, pero parece razonable, para no iniciar la marcha de los cangrejos, que conviene aplicar el de máxima contención posible.

Al otro lado de la cárcel y el confinamiento hay y habrá unos responsables públicos que deberán fijar pautas, limitaciones, reglas. Es su deber y su responsabilidad. Pero, más allá, están las medidas de protección, eficaces y continuas, que hemos de poner en marcha individualmente para nosotros y los nuestros. En el futuro, veremos con mayor claridad que éstas son las que nos librarán, por fin, del coronavirus. 

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