viernes 10.04.2020

Partidas de naipes, birras y música a un par de calles de las barricadas

Este viernes por la noche en Barcelona se podían visitar dos mundos andando cinco minutos, lo que se tarda en recorrer los 400 metros que separan el punto en el que acabó la manifestación en protesta por la sentencia del procés de la plaza Urquinaona, donde se concentraron los altercados tras la marcha

Partidas de naipes, birras y música a un par de calles de las barricadas

A un lado, juegos de cartas, cervezas y guitarras; en el otro, enfrentamientos, hogueras y gases lacrimógenos.

La multitudinaria manifestación convocada por el independentismo el viernes por la tarde coincidiendo con la huelga general en protesta por la condena a los líderes del procés tenía como punto final el cruce entre paseo de Gràcia y Gran Vía, en pleno centro de Barcelona.

La llegada de la cabecera a este enclave coincidió, en paralelo, con los primeros altercados ante la Jefatura de la Policía Nacional en Via Laietana y, a partir de ahí, la disparidad entre las imágenes de uno y otro lugar fueron 'in crescendo'.

Así, mientras la tensión se disparaba en Urquinaona, millares de personas seguían discurriendo por la meta de la marcha, aplaudiendo al cruzar la línea imaginaria, ajenas a las barricadas y las pelotas de goma.

Una vez los convocantes daban por acabada la manifestación, muchos de los participantes decidieron quedarse para comentar la jugada y tomar una cerveza por el centro de la ciudad, que seguía cortado al tráfico.

Entre los corrillos que se formaron había uno compuesto por seis chicas de 17 años –“casi dieciocho”- que habían salido al mediodía del distrito barcelonés de Sant Andreu y se sumaron a una de las llamadas “marchas por la libertad” que confluían en Jardinets de Gràcia.

Núria, elegida como portavoz, explicaba que en ningún momento se plantearon ni siquiera acercarse a la zona de los disturbios y lamentaba la “impotencia” que siente al ver cómo “cuatro gilipollas” manchaban la imagen de la multitudinaria manifestación y de las marchas.

Algo parecido expresaban Lledó y David, de 23 años, integrados en un grupo de unas diez personas que, cuando al acabar la marcha y oír que “se estaba liando”, decidieron sentarse a jugar a las cartas. “Als ‘llops’, que es un juego parecido al asesino”.

De más lejos venía el grupo de Ricard, de 30 años, cuyos integrantes optaron por sentarse en círculo bebiendo cerveza y comer unos bocadillos, charlando sin más.

Algunos de ellos, habían salido de Alella (Barcelona) a las nueve de la mañana y llegaron a Barcelona quince kilómetros después. “Ha sido muy emocionante”, reseñaba Irene.

Todos ellos deploran la violencia que se está viviendo estos días en las calles de Barcelona porque perjudica la imagen del independentismo, que es “pacífico”, aunque admiten que en ausencia de “diálogo” hay quien puede pensar que es la única forma de “hacerse escuchar”.

También son muy críticos con el papel que están jugando los Mossos d’Esquadra y su responsable político, el conseller Miquel Buch, a quien acusan de ser demasiado contundente con los independentistas y de “connivencia con los fascistas”.

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