sábado 12/6/21

Operación ‘Salvar el Zendal’: ¿en marcha?

hospital zendal

Si hay un trastorno que se ha reproducido sistemáticamente en la gestión de la crisis del covid-19, y en la comunicación pública de la misma, ha sido el derivado del ruido (y a veces hasta la furia) creado por "profesionales de la política" que, carentes de criterio y conocimiento, han solapado, orillado y hasta silenciado la voz más tenue de médicos, enfermeros o especialistas en Salud Pública. Y esto, no ante cuestiones menores sino ante otras de enorme relevancia, trascendencia e impacto.

            Por fortuna, el mensaje de éstos últimos se ha ido abriendo paso en algunos episodios, de manera prudente, siempre razonada, con argumentos… con una orientación y un fin. Es el caso del debate candente sobre el mantenimiento del ‘Hospital Zendal’ o su cierre, como ha propuesto Iglesias, el ya candidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

            “Siempre es mejor hacer lo que se ha hecho que poner hospitales de campaña a la puerta de los centros”. El diagnóstico y la recomendación científica es concluyente. ¿Qué sentido tendría el desmantelamiento? ¿A qué razones obedecería? ¿Y qué objetivo tiene reabrir esta discusión, y extremarla, cuando se hace lo humano y lo inhumano, en todo el país, por incrementar el ritmo de vacunación, tras un inicio entre renqueante y chapucero?

            De fútbol, política y medicina, todo el mundo opina. Pero, ¿tanto duele que se haya creado un espacio para reforzar la labor asistencial a las víctimas de la pandemia? ¿Tanta prisa hay por determinar el futuro de las instalaciones y, por ende, su aprovechamiento? En el caso de que exista un problema de recursos humanos, fundamentalmente de cantidad, ¿no puede éste abordarse? ¿Por qué habría de imponerse la aniquilación de un modelo, con sus limitaciones y sus imperfecciones, de reconocido éxito?

                Es descorazonador que después de que el Zendal padeciera el boicot, las actitudes viles y canallescas de ciertos sectores antisistema, que cruelmente pusieron en riesgo la atención de pacientes, hoy se mantenga el empeño en situarlo en la diana como blanco a batir. En primer lugar, algo de respeto se debería mostrar al personal sanitario, al que no se le puede estar mareando, precisamente en momentos críticos. Pero, por añadidura, algo de sectarismo debería limarse del debate público; más allá de los costes añadidos que siempre conlleva una política de bandazos, porque es incomprensible el derribo de ideas y proyectos concebidos para que las personas, en este caso las madrileñas, sanen antes y mejor. ¿Cuántas cosas más importantes y prioritarias hay? 

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