martes 28/9/21
EDITORIAL

Nuevos pensionistas y viejos mileuristas

jubilados

España ha sido ejemplo, a nivel mundial y durante las últimas décadas, de lo que significan los riesgos, en mil aspectos para la salud de un país, de disponer de una pirámide demográfica invertida: una crisis de natalidad de caballo, un envejecimiento de los mayores que se prolonga y se prolonga… y esto, en un Estado en el que, estructuralmente, los niveles de paro han venido siendo altísimos (acaso amortiguados en la etapa de bonanza y gestión muy positiva, en términos económicos principalmente, de la era de Aznar).

Hoy, nos topamos con cifras que invitan a la meditación y, acto seguido, a la acción: no la perfecta sino, al menos, la posible. La pensión de los nuevos jubilados roza ya los 1.600 euros y eso se traduce en que su renta está por encima, con diferencia, de los menores de 65 años, esto es, de quienes razonablemente y por regla están aún en edad de trabajar y, de hecho, trabajan.

Aquí radica precisamente la anomalía, el exabrupto estadístico. ¿Cómo es concebible que los jubilados desborden en su poder adquisitivo a quienes (la mayoría) alcanzan apenas a bajos o bajísimos sueldos que son los que, en teoría, deberían financiar el sistema? En efecto, el sistema no es sostenible. Ésa es la respuesta.

Cuando la Seguridad Social acumula déficits desde 2012 y su deuda supera los 85.000 millones, cuando eso en una empresa privada se trasladaría directamente a una quiebra, cuando -para más inri- en la reforma de las pensiones, el Ministerio de turno revela que sindicatos y empresarios están “como al principio”… da la sensación de que, en el peor significado de la expresión, la suerte está echada.

España tiene que confrontar aún el enorme desafío de la precariedad y el mileurismo, sin duda. Pero, o el Estado comienza de una vez y en paralelo a aplicar verdaderas políticas del bienestar de apoyo a la familia o, antes o después, no terminarán ahogándose sólo quienes hoy sacan los codos por encontrar un trabajo digno sino quienes, al saltar a su etapa de pensionistas, se den de bruces con que no hay ni la mitad de la mitad de lo que esperaban. Al tiempo

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