lunes 27/9/21
EDITORIAL

¿Hacia una nueva tiranía global de las Big Tech?

tecnologia

Fueron retratadas hace no tanto como el paraíso de la libertad. Auténtico, sin límites, sin filtradores, sin verificadores… sin ninguna dirección. Ofrecían un espacio abierto para el intercambio de mensajes y la producción de contenido de toda índole. Por fin, los ciudadanos veían cómo la democratización de la comunicación era un hecho indiscutible, adorado y adorable, casi mágico por obra y arte de la revolución tecnológica. Todos, independientemente del punto del globo en que se hallasen, con una conexión a Internet, podían convertirse en emisores, de manera directa y global, instantánea… pero todo ha sido un espejismo.

            Hoy, la deriva empresarial de Twitter o Facebook o WhatsApp, principalmente, está produciendo que las RRSS empiecen a funcionar como los viejos medios de comunicación. Con una intermediación, con un control, con una… ¿línea editorial?

            Hasta hace no tanto, los interrogantes fundamentales tenían que ver con los seguidores ficticios, o con el uso de robots que sustituían a personas y provocaban efectos envenenadores en la creación de la opinión pública. Hoy, se ha ido un paso más allá, o varios: cuentas bloqueadas, mensajes sin posibilidad de réplica… ¿en base a qué criterio?

            Las Big Tech están en el ojo del huracán. Han acreditado su capacidad para condicionar el resultado de los procesos electorales, para incidir en la vida de los Estados y sus sociedades, para acelerar o desatar acontecimientos históricos… y sus fundadores son perfectamente conscientes, como en otros tiempos lo podían ser el editor de The Washington Post o The New York Times sobre la influencia de sus portadas, sus investigaciones y sus editoriales.

            El mundo nuevo nos depara nuevas formas de caos, de tiranía, de censura… los conceptos pueden asustar porque evocan el autoritarismo, el totalitarismo, el desorden y la ingobernabilidad. Pero más vale adivinar cuáles son las peligrosas tendencias que se ciernen sobre nuestras formas de vida que responderlas cuando sea tarde, muy tarde.

            No. No se trata de fomentar esquizofrénicas teorías de la conspiración sino de alertar sobre una idea capital: ¿estamos, hoy que nos creemos más libres que nunca, aproximándonos como nunca al orwelliano 1984?

           

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