Sábado 18.08.2018
La carrera espacial privada

Los multimillonarios se quedan con el espacio

Los multimillonarios han sustituido a los gobiernos en la exploración espacial y abierto un campo de negocio sin límite que, no lo duden, pagarán los gobiernos

Tesla en el espacio
Tesla en el espacio

Imaginen una montaña de humo, el rugido de una máquina como una vivienda de 20 pisos que se precipitaba hacia el cielo; vean la imagen más estúpida del año: un traje de astronauta viaja en un coche rojo hacia Marte. La insultante prepotencia de Elon Musk es un simple mensaje de mercado: voy primero en el negocio.

La carrera espacial privada

La compañía aeroespacial privada de Musk, SpaceX, acaba de lanzar el cohete de carga más poderoso del mundo. Ya se sabía del cohete Falcon Heavy: estaba en proceso de fabricación, con un coste aproximado de medio billón de dólares, pero su primer éxito ha excitado a científicos, ingenieros y empresarios.

SpaceX no solo ha empujado a los competidores al margen del mercado sino que ha desafiado a la industria de lanzamiento tradicional en los Estados Unidos y Europa, y en China y en Rusia.

En poco más de 15 años, SpaceX ha construido el mercado de vuelos espaciales, dominado por agencias espaciales como la NASA y sus contratistas principales, Lockheed Martin y Boeing. Tampoco estaba solo Musk: el trillonario de Amazon, Jeff Bezos, ha creado su propio cohete a través de su propia compañía, Blue Origin, y Richard Branson, de Virgin,  y un montón de otros empresarios los siguieron con cohetes más ligeros.

Durante diez años se ha producido una dura competencia, fomentada muchas veces por el uso de las subvenciones gubernamentales que, en no pocos momentos, han competido contra si mismos.

La nueva carrera espacial es algo diferente a la de la guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Las agencias gubernamentales, como la NASA, Roscosmos y la Agencia Espacial Europea, han estado colaborando con corporaciones durante muchos años y tienen sus propios objetivos a largo plazo. Esas empresas no solo se han quedado con las concesiones sino que han llevado el modelo a una situación anterior al estado del bienestar y las regulaciones, cuando los multimillonarios intentaron remodelar por su cuenta el futuro y el mercado.

El espacio es el negocio

Realmente no hay desventaja para la NASA  en esta competencia privada - quizá si para otras agencias-. De hecho, tienen los nuevos cohetes a su disposición – de hecho ya están usando los de Musk en la estación internacional-.

Tanto SpaceX como Blue Origin están trabajando en cohetes. La compañía de Bezos está trabajando es su cohete "Nueva Glenn", más grande que los actuales New Shepard, cohete reutilizable, aunque menor que los vehículos Falcon 9 de SpaceX. Musk trabaja en un dispositivo dispositivo incluso más grande que el Falcon Heavy: un cohete que  SpaceX BFR (Big Falcon Rocket), que permitiría llegar al espacio más profundo.

La NASA está trabajando en su propio súper cohete, llamado SLS, que sería el más poderoso jamás diseñado, y su herramienta probable para una nueva estación espacial o exploración de espacio. Sin embargo, la agencia se enfrenta sus propios obstáculos: ha pasado un año sin un administrador de confianza, debido al bloqueo en el Senado al al controvertido candidato de Donald Trump, y durante décadas el Congreso ha mantenido la financiación de la NASA por debajo e la era Apolo. Por otro lado, la NASA trabaja con costes mucho más elevados que los que han logrado sus competidores privados.

SpaceX y Blue Origin han hecho de los cohetes confiables un negocio confiable para la NASA y las compañías de telecomunicaciones, y están anunciando precios a una fracción reducida de los cohetes del gobierno. Virgin entra en crisis periódicamente y TESLA es incapaz de producir coches, pero el negocio del espacio está abierto e interesa a los multimillonarios.

En el caso de Musk, los cohetes Falcon 9 de SpaceX operan a un coste promedio de  60 millones de dólares por vuelo y el Falcon Heavy a un costo de entre  90 y  160 millones de dólares. La NASA calcula que su SLS costará mil millones o más por vuelo, el precio de la confiabilidad y la seguridad sobre la reutilización.

El robusto mercado del que se habla en las compañías privadas tiene un origen: no estará en el pilar de los gobiernos. El objetivo de estas compañías es ser contratistas del gobierno si, pero especialmente establecer su propia estación espacial privada.

Mercadotecnia

Elon Musk tiene un record de sobreventa de promesas tan grande como su ego multimillonario. Y aún no ha lanzado una persona al espacio (los trajes espaciales no cuentan en este mercado). Los vuelos comerciales tripulados son el indicador de lo que los multimillonarios pueden hacer en el espacio.

La NASA ha establecido estrictos requisitos de seguridad para vuelos espaciales tripulados, pero el Congreso y las administraciones Obama y Trump no han tenido hasta ahora ell menor interés en regular la industria espacial privada.

El episodio del TESLA rojo tiene que ver con los competidores, con la oferta a la NASA de servicios pero también una advertencia a Trump sobre la regulación: un triple mensaje de mercadotecnia al que no se ha prestado demasiada atención.

"