jueves 23/9/21

Marlaska y los acercamientos de etarras: ‘caso cerrado’

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Ha sido un incesante goteo, polémico, doloroso, motivado por el ansia del gobierno de cerrar el capítulo de ETA. Ojalá fuese posible, pero el acercamiento a las cárceles vascas de quienes tienen las manos manchadas de sangre difícilmente servirá para reparar el daño; lo que aún esperan, décadas después, decenas de familias de asesinados por la banda criminal que aguardan el día en que la Audiencia Nacional condene a los verdugos que se mantienen en la oscuridad, impunes, fugados.

            Apenas una decena de presos de la organización le quedan al ministro Marlaska por conducir hasta el norte de España. Hoy están en Andalucía. Ahí siguen. Incluidos los que, como Iñaki Bilbao, amenazó directamente al juez con pegarle “siete tiros” y arrancarle “la piel a tiras”.

            El esperpento de una situación difícilmente aceptable lo pone el pequeño detalle del supuesto arrepentimiento de los pistoleros, o la redacción de cartas en las que reconocen, para tener premio, “el dolor causado”, algo que las víctimas consideran un mecanismo no impostado sino directamente insultante.

            Han sido 221 traslados correspondientes a 182 etarras. Están las peores bestias de esa máquina de matar, extorsionar, envenenar y amenazar que fue ETA, incluidas leyendas negras como Txapote o Gadafi: lo peor de lo peor de la raza humana. ¿Necesita la AVT, como demanda, una explicación ante esta endiablada espiral que significa un espaldarazo a quienes siempre se han negado, y siguen negándose, a colaborar con la Administración de Justicia? 

            Mucho más allá de los colores políticos o las tendencias ideológicas, hay en el fondo de este dilema una cuestión que responde a la pura humanidad. No sólo sería grosero sino humillante, mandarle el mensaje a una sociedad entera, a una democracia, de que atendiendo a las peticiones históricas de un grupo de alimañas, éstas quedarán saciadas en sus deseos y eso significará que todos olvidaremos, con más rapidez, los indescriptibles estragos que causaron. ¿Alguien, mirándole a los ojos, podría explicarle este perverso e indecente razonamiento a quienes tienen a un familiar en el cementerio, o mutilado, o con secuelas psicológicas de por vida?

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